Buzón de Voz

Por qué pierde la derecha

Las urnas han decretado por segunda vez en cuatro años que el Partido Popular se quede en la oposición. Y las urnas españolas, desde una perspectiva histórica, derrochan sentido común desde 1977. El PP, por iniciativa propia o dejándose guiar por sus oráculos mediáticos, perdió ayer por las mismas razones que se estrelló hace cuatro años: por intentar engañar a los ciudadanos y por equivocarse radicalmente en Catalunya.

Son discutibles algunos de los mimbres de su estrategia electoral, como el fichaje de un SuperPizarro que no aguantó el primer asalto a un Pedro Solbes con un solo ojo. Ese debate supuso el varapalo más importante de la campaña, porque el PP había basado buena parte de su discurso en el catastrofismo económico. Son discutibles también algunas ocurrencias como la de la niña de Rajoy, voluntaria y machaconamente convertida en icono del último tramo de la campaña.

Sin embargo, ni la niña ni el tío Pizarro bastan para explicar la derrota, porque el resultado electoral de ayer empezó a fraguarse el 14 de marzo de 2004. Desde ese mismo día, la derecha política y mediática inició una nueva cruzada dirigida a poner en duda la legitimidad de aquella victoria del PSOE. En lugar de afrontar la autocrítica por la indigna gestión de los atentados del 11-M, el PP se obcecó en mantener prietas las filas. No fue capaz de renovar su dirigencia, ni siquiera de aparentar cierta distancia respecto a José María Aznar, máximo responsable de aquel desaguisado.

Durante estos cuatro años, el PP –aunque lo creyera–  nunca se ha planteado en serio el objetivo de volver a gobernar España, sino el de echar a Zapatero de La Moncloa. Y no es lo mismo. Cuando la política se guía por el rencor echa mano de cualquier arma, y tanto le sirve la utilización de las víctimas del terrorismo como la exageración permanente en la crítica al adversario.

La derecha se ha instalado en un discurso nacionalista español que fracasa una y otra vez en Catalunya, aunque le reporte ganancias en Andalucía, en Valencia o en Madrid. ¿Seguirá en la misma senda sólo por haber mantenido ayer la diferencia con el PSOE en votos y escaños? El PP tiene la palabra.