Buzón de Voz

El estrés del BCE

Ser presidente del Banco Central Europeo no parece un oficio excesivamente complicado, por mucha tensión política que su nombramiento genere entre las dos grandes potencias de la UE. El mandato principal y casi único de Jean Claude Trichet (o de quien periódicamente elijan alemanes y franceses) consiste en evitar que la inflación en la zona euro se dispare más allá del 2%. Aparte de manejar cintura en la trastienda con los consejeros que componen el órgano rector del BCE, lo que se espera de Trichet una vez al mes es que avance si va a bajar, a subir o a mantener los tipos de interés. Sin lugar a sorpresas ni incertidumbres. Sin mover una ceja. Por primera vez desde mayo de 2009, cuando bajó el precio del dinero hasta el actual mínimo del 1% después de perder demasiado tiempo, el presidente del BCE insinuó ayer la posibilidad de tocar los tipos, y todos los analistas han interpretado que en abril los subirá "un cuartillo" para situarlos en el 1,25%.

La carestía del petróleo y de los alimentos, motivada entre otras causas por la especulación, hace temer al BCE que la inflación se desboque. Y su herramienta para evitarlo consiste, obviamente, en subir los tipos. Lo cual significará otro palo en las ruedas de una recuperación ya lastrada por el discurso único de la renuncia a la inversión y al gasto público con tal de cuadrar el déficit. Todo tan previsible como la falta de decisión de Trichet a la hora de respaldar la deuda de los países más acosados por los mercados.