Un respeto a la indignación

Aún es pronto para valorar la trascendencia de las movilizaciones surgidas el pasado domingo bajo el lema “Democracia real ya”, pero las protestas y su eco mediático han conseguido romper de forma inesperada una campaña electoral monótona y previsible. Algunas Juntas Electorales, de forma especial el presidente de la madrileña, se encargaron ayer de dar un último empujón al éxito de las concentraciones convocadas a través de las redes sociales al negar la autorización de las mismas con argumentos peregrinos. La Junta Electoral Central debería corregir hoy el despropósito, porque la libertad de expresión o el derecho de reunión no pueden quedar en suspenso durante una campaña electoral. Y lo que están haciendo miles de jóvenes (aunque no sólo jóvenes) estos días es expresar su hartazgo e indignación. Tienen derecho a ello y lo están ejerciendo pacíficamente. Por otra parte, esas Juntas Electorales prohibicionistas creen saber más que sociólogos, politólogos y expertos en demoscopia electoral. Sostienen que la “petición del voto responsable” que se hace en la Puerta del Sol “puede afectar a la libertad del derecho de los ciudadanos al ejercicio del voto”. Como si alguien conociera las claves de un derecho tan íntimo como el de votar. ¿Acaso no condicionan mucho más el voto los mensajes de ciertos dirigentes del PP que hablan ya de “otro 11-M” o de siniestras conspiraciones? Quizás sea hora de redefinir el término antisistema.