Buzón de Voz

Haciendo el tonto

Ha dicho Mariano Rajoy en TV3 que Zapatero está "haciendo el tonto". Para llegar a tal conclusión, el presidente del PP argumenta lo siguiente: "La situación económica es mala (...) Un presidente del Gobierno tiene que hablar bien de su país (...) pero a la gente hay que decirle la verdad: que hay una crisis muy importante que nosotros sufrimos en situación de más vulnerabilidad [que los demás países]. No decir la verdad es hacer el tonto, y supone engañarse y engañar a la gente". Ni la Real Academia, ni María Moliner ni Manuel Seco, ni siquiera el Inventario general de insultos del sabio Pancracio Celdrán recoge una acepción de "tonto" que responda claramente a la que propone Rajoy, pero tampoco es cuestión de discutir su autoridad en la materia. Si no decir la verdad es hacer el tonto, el PP desarrolló la definición durante la última legislatura casi a tiempo completo, ya fuera a cuenta del 11-M, del Estatut o del proceso de paz.

En este caso, Rajoy critica a Zapatero por haberse paseado por Nueva York presumiendo ante empresarios y banqueros norteamericanos de que el sistema financiero español es uno de los más sólidos del mundo, y lanzando el mensaje de que nuestra economía está mejor preparada que otras para salir de la crisis provocada por el terremoto financiero en Estados Unidos y por el estallido de la burbuja inmobiliaria en España, siempre que los precios del petróleo no incordien excesivamente.

El diagnóstico

Después de haber perdido un tiempo precioso en marear la perdiz con el uso y significado de la palabra crisis, la verdad es que hace ya meses que el Gobierno admite que la situación económica es muy mala. Sería tonto y necio negar una evidencia que cantan, día tras día, los datos macro y micro de la economía. Esto nadie lo discute. Lo que se discute es el origen de los problemas y las posibles soluciones. El PP hace oposición, y por tanto se empeña en trasladar el mensaje de que Zapatero es el gran culpable de la crisis, por no haber abordado en los últimos cuatro años reformas estructurales, liberalizaciones, reformas laborales, privatizaciones, etcétera. Es decir, por no haber aplicado una política económica neoliberal. Claro, eso sí que podría considerarse "hacer el tonto" desde cualquier punto de vista: un Gobierno de izquierdas que aplica una política de derechas.

Pero resulta que los propios neoconservadores, norteamericanos o españoles, premios Nobel y analistas más o menos expertos reconocen que el origen esencial de la actual crisis financiera global está en Estados Unidos, en la macroestafa piramidal de las hipotecas subprime y en la clamorosa ausencia de un control estatal que pusiera freno a la codicia de los tiburones de Wall Street.

Andan ahora llorando para que el Estado, con el dinero de todos los contribuyentes, acuda en socorro de multimillonarios arruinados. Y lo van a conseguir, porque republicanos y demócratas coinciden en que será la única forma de evitar que se venga abajo todo el tinglado y el terremoto no arrase también con las cuentas corrientes y los sueldos corrientes de los ciudadanos corrientes. Siguiendo la argumentación de Rajoy, negar este origen de la crisis o pretender que la burbuja inmobiliaria española se la inventó Zapatero desde 2004 es sencillamente falso. Es "engañarse y engañar a los demás. O sea: "Hacer el tonto".

Se pueden discutir las palabras exactas o si sobraban o no las irónicas alusiones de Zapatero a Sarkozy o Berlusconi en Nueva York, cuando se puso a sacar pecho por las fortalezas de España en comparación con Francia o Italia. Pero alguien que aspira a la presidencia del Gobierno no discutirá que un presidente tiene la obligación de recorrer el mundo intentando atraer inversores a su país.

Genios asesores

Mariano Rajoy debería encargar a sus asesores que escuchen los discursos que pronuncian Emilio Botín (Banco Santander) o Francisco González (BBVA) en Londres, en Nueva York o en Pekín, y buscar las diferencias con los mensajes de Zapatero. A ver qué encuentran. Los bancos y las grandes empresas españolas necesitan financiación exterior, y no tendría la menor gracia que lo que propagaran por el mundo fuera algo así como "no inviertan ustedes en España, porque aquello es un desastre absoluto, con un Gobierno que se dedica a hacer el tonto. Esperen ustedes cuatro añitos a ver si ganan los conservadores y ya hablamos". Un mensaje, por cierto, que con escasas variaciones repite por ahí machaconamente José María Aznar, con un sentido del Estado perfectamente descriptible.

Por supuesto que aquí afrontamos también una mala situación financiera, pero es evidente que el modelo de banca comercial en España, con un negocio basado fundamentalmente en la captación y el préstamo de fondos, sin más ingenierías extrañas, nos aleja de los riesgos que han puesto en jaque a la economía más fuerte del mundo.
Si se trata de no "hacer el tonto", el Partido Popular debería examinar también a fondo a los asesores de su candidato preferido para la Casa Blanca, con el objetivo prioritario de no repetir sus genialidades. La propuesta de John McCain de suspender la campaña y los debates para centrarse en la crisis económica pasará a la historia de la estrategia política como una de las más grandes tonterías escuchadas en una carrera presidencial. Barack Obama ha respondido con habilidad y cierto cachondeo: "Creo que un presidente debe ser capaz de hacer más de una cosa a la vez". Pensar y comer chicle al menos, como dice el chiste. Alguien que aspira a dirigir un país, sea Estados Unidos o España, debe plantear soluciones a los problemas y convencer a la gente de que sus soluciones son precisamente las más acertadas. Todo lo demás es engañar a los demás o engañarse a uno mismo. O sea: "Hacer el tonto".