Buzón de Voz

Las culpas del paro

El dato del paro en el tercer trimestre (4.978.300 personas) es nefasto, sin matices de carácter estacional o de cualquier otro tipo. Al contrario: el verano es tradicionalmente un buen periodo de creación de empleo en un país como España, muy dependiente del sector servicios. Que el desempleo alcance un récord histórico justo en la estación más propicia para la contratación (aunque fuera precaria y temporal) demuestra que los motores de la actividad económica siguen gripados. A tres semanas de las elecciones generales, casi un millón y medio de hogares sobreviven con todos sus miembros en paro, y ese drama condiciona por completo la campaña y el resultado de las urnas. Por mucho que esta cruda realidad quede amortiguada por la solidaridad familiar y por la enorme bolsa de economía sumergida, lo cierto es que alcanzar un 21,5% de paro demuestra el fracaso de las medidas tomadas hasta el momento para salir de la crisis. Los recortes de gasto y el ayuno casi total en la concesión de créditos ahogan (aquí y en media Europa) la actividad económica mientras la incertidumbre y el pesimismo provocados por el miedo al futuro bloquean el consumo. Es tan simplista cargar todas las culpas de ese círculo envenenado al Gobierno central como desviarlas por completo a las comunidades autónomas. Achacar el verano más negro para el empleo a la presunta "rigidez del mercado laboral" no sería ya un simplismo sino una ofensa a la inteligencia. Pero alguien lo hará.