Ni un pelo de tontos

El mismísimo Mariano Rajoy confirmó ayer solemnemente el ultimátum: Pedro Castro, presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, tiene una semana de plazo para dimitir. Si no lo hace, los ayuntamientos madrileños del Partido Popular abandonarán la FEMP. Hacía tiempo que el PP no sufría un ataque tan agudo de indignación. ¿Habrá algún otro motivo más allá de la lícita reacción política ante un exabrupto lamentable?

Los hechos. Pedro Castro, socialista, 25 años de alcalde de Getafe (ciudad del sur de Madrid con 180.000 habitantes), asiste a un debate vecinal sobre presupuestos, sanidad y pensiones. En mitad de un acaloramiento comprobable en YouTube, Castro lanza al aire la injustificable pregunta: “¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?” La expresión no tiene un pase y cualquier votante conservador puede sentirse insultado. También cualquier votante de izquierdas con sentido común, puesto que en democracia procede prescindir de políticos que no respeten una opinión contraria a la suya. Hilando un poco más fino, sorprende que el PP se declare víctima directa del disparate, puesto que la formación de Rajoy nunca se ha identificado a sí misma como “la derecha”, sino que lleva décadas buscando el centro desesperadamente. Si se dan por aludidos con tamaño despliegue político y aparataje mediático, cabe deducir que el viaje al centro aún va para largo.

Es grave lo dicho por Pedro Castro, aunque mucho más grave sería que de verdad lo pensara. El alcalde de Getafe y presidente de la FEMP tardó pocas horas en pedir disculpas y en reconocer el dislate. En la forma de expresar el arrepentimiento volvió a demostrar sus peculiares maneras: “Fue un acaloramiento. Todo el mundo sabe que me caliento más que el pico de una plancha”. Y a continuación pidió perdón públicamente.

No es suficiente

Al PP no le satisfacen las disculpas de Castro y ha decidido intentar cobrarse su cabeza. Y está en su derecho, siempre que practique una mínima coherencia en la argumentación. Si Pedro Castro debe dimitir antes de una semana por su insolencia, ya está tardando Rajoy en solicitar el cese del “ciudadano ejemplar” Carlos Fabra, presidente de la Diputación y del PP de Castellón imputado por varios delitos contra la Administración pública. En el plazo de un mes, Fabra llamó “hijo de puta” al portavoz provincial del PSOE, y proclamó: “Me sacaré la pirula y mearé en la sede de Izquierda Unida si me toca”. Se refería a un décimo de lotería que aparecía en un cartel satírico sobre Fabra distribuido por IU. ¿Alguien ha escuchado una sola disculpa de Fabra? Al contrario, explicó muy ufano que “hijo de puta es una frase bastante común en Castellón”.

Tarda también en disculparse la propia Esperanza Aguirre, que esta misma semana ha tachado de “bellacos” y “miserables” a todos aquellos que criticaron que saliera rápidamente del infierno en el que se convirtió Bombay dejando allí a la delegación empresarial que la había acompañado en viaje oficial y a buena parte de su equipo.
La hemeroteca es cruel. Mariano Rajoy ha definido a Zapatero como “bobo solemne”, “traidor”, “chisgarabís”, “cobarde”… con la misma contundencia que exhibía Aznar a la hora de llamar “pancarteros” o “cómplices de los asesinos” a quienes se oponían a la guerra de Irak. Tampoco ha pedido el PP la dimisión de José Bono, a quien Santa Maravillas iluminó para expresar que “los de los partidos propios son unos hijos de puta”. Ni la del Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, para quien los antitaurinos (o sea, la mayoría de los españoles según las encuestas) son definitivamente “tontos”.

Para qué seguir. La frase de Pedro Castro es impresentable y no queda justificada porque otros hayan soltado disparates semejantes. Sin embargo, no es creíble la inusitada reacción del PP. Casualmente, se dispara esta polémica en la FEMP a los pocos días de la aprobación por el Gobierno de la partida de 8.000 millones de euros para obra pública en los ayuntamientos. Una ayuda que casi triplica el presupuesto total previsto por los municipios para 2009, que nadie puede rechazar y que permitirá crear puestos de trabajo si los controles funcionan. En lugar de celebrar la medida y exigir esos controles para el buen uso del dinero de todos, el patinazo de Castro sirve al PP para crear una cortina de humo. Mientras hablen de la escandalera se ahorran elogios a alguna medida económica. ¿Tontos? Ni un pelo.