Buzón de Voz

Una cuestión de fe

Lo peor de la cumbre europea, siendo grave, no es que se haya confirmado la germanización de Europa, sino que las compensaciones por las que se supone que los demás aceptan el ultimátum de Merkel son una cuestión de fe. En el acuerdo firmado figuran las líneas maestras de una política económica muy concreta, la de la más estricta austeridad en el gasto público; la que eleva a rango constitucional el equilibrio presupuestario sin tener para nada en cuenta los ciclos económicos; la que establece un techo de déficit cuyo incumplimiento conllevará sanciones automáticas; la que cede las decisiones importantes sobre cada Presupuesto nacional al Consejo Europeo... Todas las exigencias alemanas para que el resto de la zona euro aplique las doctrinas económicas conservadoras han sido aceptadas, con una renuncia evidente de soberanía y con un déficit democrático cuyo "techo" parece preocupar mucho menos que el del déficit fiscal. ¿A cambio de qué? De la posibilidad no escrita de que el Banco Central Europeo dedique desde el lunes (en secreto) todo el dinero que haga falta para comprar deuda soberana de cualquier país del euro atacado por la especulación. Merkel

y el BCE han decidido que no se fían de nadie y los demás se someten (con más o menos entusiasmo) a una fe ciega en el plan Merkozy. Reino Unido (históricamente egoísta respecto al proyecto europeo) se ha descolgado. Europa, de momento, pierde. Habrá que ver si al menos el euro gana.