Buzón de Voz

Al pan, pan, y al paro, paro

Tantas veces se ha descrito a sí mismo como un político "previsible", que rayaría el cinismo criticar ahora a Mariano Rajoy por no sorprender en su investidura. Repitió el mantra del compromiso con el objetivo de déficit marcado por Bruselas y el BCE, y sobre ese eje descansan las medidas más "urgentes" de su programa de gobierno, quizás sólo condicionadas por la fecha de las elecciones andaluzas, que podría retrasar algunas de las decisiones más indigestas. Rajoy anunció un ajuste en el gasto público de 16.500 millones de euros, cifra que podría aumentar si se supera la previsión de déficit para 2011. ¿Dónde meterá la tijera? En todas las partidas, excepto en pensiones, cuyo compromiso de actualización a 1 de enero también confirmó. Dio prioridad a la reforma laboral y al saneamiento del sistema financiero, sin despejar tampoco las dudas sobre la política fiscal, la negociación colectiva o los minijobs. Por fin ha descubierto Rajoy que el carácter de esta crisis es global y la solución a la misma también. Soltó la liebre de eliminar festivos entre semana para entretenimiento colectivo o como un guiño hacia Merkel, pese a que en España se trabaja más horas que en Alemania. Lanzó el compromiso de "estimular el crecimiento y crear empleo", pero confió ese objetivo a recetas tan conocidas como fracasadas: reducir la inversión pública y facilitar el despido produce exactamente los efectos contrarios. "Al pan, pan, y al vino, vino", proclamó Rajoy. (Y al paro, quizás, más paro).