Preston, Child y el profesor de pádel

Tengo que ir al médico. A un buen psicólogo. Últimamente, no sé si las cosas más extrañas son normales o las cosas más normales me resultan a mí extrañas. Por ejemplo, voy conduciendo y diviso desde el coche centenares de molinos de viento. No veo gigantes, como le pasaba a Don Quijote. Veo torres de maletines llenos de billetes de 500 euros y alcaldes y concejales atados a las aspas, girando y girando. Y al juez Garzón saliendo de una de las torres rodeado de escoltas, en plan Elliott Ness con gafitas. Atravieso uno de esos páramos sembrados de paneles solares y, en lugar de pensar que tengo que cambiar la calefacción de casa por algún sistema de energía renovable, se me instalan en el coco recibos de la luz manipulados y facturas falsas de kilovatios/hora. Todo esto puede ser por leer muchos periódicos y pocas novelas de caballerías.

Lo peor fue una de estas últimas noches. Daba vueltas en la cama con dos nombres bailándome en el cerebro: Preston, Child; Preston, Child… Habían aparecido aquí, en Público. Preston & Child S.L. Así se llama una empresa del profesor de pádel de Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad de Madrid y todopoderoso número dos de Esperanza Aguirre. Jugar al pádel no es una cosa extraña. Por mucho que culpen del invento a Aznar y a Pedrojota, el pádel es un juego entretenidísimo que ya se practicaba a mediados de los ochenta, importado por unos argentinos guapos y morenos. Algunos con coleta. Eso tampoco es extraño.

Cosas normales

Ignacio González también es moreno y lleva una coletita, pero blanca, canosa. Su profesor de pádel no es argentino, sino de por aquí. Se llama Carlos Martín y tiene muchas cualidades. Además de enseñar a jugar al pádel a los clientes de un hotel de lujo de Madrid, monta empresas inmobiliarias y hace cosas que a mí me parecen extrañas pero que –insisto, ¿eh?– a lo mejor son normales. Por ejemplo, el profesor de pádel entra y sale de la sede de la Comunidad para acudir a reuniones con Ignacio González o con altos cargos de alguna consejería. O queda con Jesús Sepúlveda, amigo de Aznar y por entonces alcalde de Pozuelo, para hablar de la explotación de un megapolideportivo. O envía un correo electrónico en el que reprocha a su jefe: “Si hubieras soltado lo que tenías que soltar…”, al hilo de alguna adjudicación en un concurso público. O, lo que ya es el colmo de la normalidad absoluta, el profesor de pádel consigue que la sociedad Ingesport, para la que trabaja, sea una de las 13 afortunadas entre un total de 500.000 empresas para recibir una inversión de 1,3 millones de euros de la Comunidad de Madrid.

Ingesport se dedica a gestionar  instalaciones deportivas y centros de belleza, actividad esta última muy respetable pero que un servidor desconocía que figurase entre las preferencias inversoras del capital público de Madrid. Como uno es calvo y por tanto no tiene canas ni coleta pues no se me había ocurrido que el dinero de todos los contribuyentes se invirtiera en centros de belleza. Pero es que Ingesport “le interesaba al vice”, según dejó escrito Martín.

Total, que venga a darle vueltas a Preston y a Child; a Child y a Preston. Porque Carlos Martín, aparte de jugar al pádel, pasear a su perro boxer, conducir su Porsche Cayenne y conseguir contratos hasta del Ayuntamiento de Ruiz-Gallardón, también tiene Preston & Child, S.L. Antes, las empresas se bautizaban “Fulanito, viuda e hijos” o “Famaztella” (de Familia Aznar Botella). Ahora hay un registro infinito de marcas que uno puede comprar por muy poco dinero. Martín es más original… Preston & Child.

De repente caí. Me acerqué a esa estantería donde se guardan los libros que no se enseñan a las visitas, para que piensen que uno sólo lee a Paul Auster, a Borges, a Joyce y a Javier Marías. Allí estaban: Douglas Preston y Lincoln Child, coautores de al menos once best-seller de misterio. Allí estaba la novela, con los nombres en blanco sobre fondo negro y una horrible calavera. El libro de los muertos, se titula. Nada menos.

Tengo que dejar las pastillas que tomo para dejar de fumar, porque antes no recordaba los sueños y ahora, incluso despierto, sufro pesadillas. ¿Quién estará detrás de Preston & Child?