Cartas de los lectores

4 de diciembre

Gracias a las administraciones públicas
Quería agradecer el interés que tienen por los ciudadanos. Para que seamos personas responsables y conscientes del gasto que generamos, en algunas comunidades autónomas van a informarnos a través de facturas simbólicas de cuánto cuestan determinados servicios públicos. Gracias, pero no.
Deberían saber que el problema económico no está en los ciudadanos irresponsables que abusamos de los servicios públicos que nos ofrece el Estado del bienestar, ese mismo que nos están desmantelando. Estos servicios los pagamos entre todos, nadie nos los regala, los pagamos con nuestros impuestos. Si quieren realmente ofrecer transparencia pública a los ciudadanos, que nos informen, euro a euro, de qué hacen los responsables políticos con el dinero público, por qué dan a los bancos dinero a un bajo interés para que luego ellos no lo presten o lo hagan a un interés desorbitado.
Que dejen de disfrazar la realidad y de apuntar como culpables a quienes menos responsabilidades tienen en este asunto: los ciudadanos y el conjunto de los trabajadores.
Gema Anguera Garrochena
Sevilla

¿Pero no era culpa de Zapatero? ¿Ahora es Europa?
Yo pensaba que era Zapatero el culpable de todo lo que pasa en los mercados, y ahora resulta que no. ¿En qué quedamos? Ahora es Europa –y nuestro país con ella– la responsable de la grave crisis que hace que el euro se derrumbe y los mercados estén sin control. ¿Cómo es posible? ¿No será que se están quedando con nosotros? Pero si el bueno de Rajoy había asegurado –en el Congreso y en la campaña electoral– que el torpe de Zapatero era el responsable directo y personal de la crisis... Y ahora que ha ganado las elecciones, ¿qué pasa? No puede ser verdad. Seguro que se trata de una conspiración socialista para desacreditar, con insidias, al bueno de Rajoy. Seguro.
Marc Antoni Adell
València

Mejores que Argentina, "hasta en patines"

Este periódico recogía el pasado jueves unas declaraciones del tenista Manolo Santana referentes a los encuentros de la Copa Davis entre España y Argentina de este fin de semana. Y son bastante elocuentes: "Somos mejores hasta en patines", titular sacado de las declaraciones del citado tenista.
Como argentino residente en España desde hace casi 37 años, plenamente integrado y amante de esta, mi segunda patria, considero esas expresiones no solamente "chulescas", sino ofensivas. Me duelen también por la admiración que yo siento por este deportista. ¿Subyacen tal vez en ellas algún rencor oculto o complejo de inferioridad? Sólo quería expresar este sentimiento porque me llamó poderosamente la atención en alguien que debería ser un ejemplo para todo el mundo, y como tal, debe medir sus declaraciones.
Rodolfo Ghezzi Guerrero
Colmenarejo (Madrid)

Sentimiento de culpabilidad ajena
Puede que esté obsesionada con el gasto energético innecesario o puede que la tímida concienciación ecológica que han querido inculcar en la población haya tenido efecto en mí. Sea como sea, no puedo dejar de sentirme derrochadora e insolidaria por utilizar la línea 9 de metro de Barcelona. Grandes espacios y cinco ascensores de gran capacidad para no encontrarte con nadie. La cantidad de usuarios es casi nula en comparación a las instalaciones. ¿Qué imagen quieren dar los impulsores de proyectos como estos? Tecnología punta, progreso, estar al nivel de los grandes. Pero para mí demuestran irresponsabilidad, derroche y poco conocimiento de las necesidades reales de la población.
Alba Muñoz
Santa Coloma de Gramenet (Barcelona)

Las calles minadas de la ciudad de Madrid
Caminar por Madrid es un acto heroico. Equivale a arriesgarse a pisar una baldosa o un adoquín en mal estado y que salte un chorro de agua sucia, barro líquido acumulado por años de desidia municipal. El simple acto de pasear exige una continua elección de la baldosa a pisar. Pocas cosas reflejan tan gráficamente el abandono en que se encuentra el madrileño de a pie. Y el abismo que le separa de sus autoridades. Mientras el alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, en un nuevo ataque de megalomanía, estrena una flamante casa consistorial en el centro de la ciudad, el ciudadano común y corriente, abandonado a su suerte, siente cómo el suelo se tambalea bajo sus pies. Es inevitable pensar cuántos problemas básicos se podrían haber resuelto con los cientos de millones de euros que nos ha costado el traslado de la sede del Ayuntamiento a Cibeles.
Alberto Gil
Madrid