Cartas de los lectores

21 de diciembre

¿Dónde está el cambio?
En el discurso de Rajoy he escuchado mucha ambigüedad. Mantiene en secreto todo aquello que no quiere que conozcan los ciudadanos. Los únicos cambios han aparecido cuando, ahora sí, ha defendido cuestiones que en la oposición rechazaba, como la jubilación a los 67 años. Además, ahora resulta que la crisis es mundial (antes era sólo de España) y el PP se pone a las órdenes de Merkel. Ya tienen el poder y aplicarán su rodillo en todos los asuntos sociales y libertades que afecten a los ciudadanos.
Pero el verdadero cambio es que por fin hay una oposición leal con España y que se acabará en el Parlamento el espectáculo que nos ofrecía el PP, lleno de crispación y de insultos. Rubalcaba les dio ayer una lección de democracia. Quieren dialogar, pero para qué, si van a hacer lo que quieran. Lo siento por los humildes, los trabajadores, los funcionarios y por la clase media.
María Bueno
Ávila

El nuevo presidente debería subir los impuestos
He escuchado el discurso de investidura de Rajoy y he comprobado que su principal objetivo va a ser la lucha contra el déficit público. Yo soy de los que creen que el principal problema de España no es el déficit, sino el paro, pero entiendo que las directrices de la UE le lleven por esa dirección. Ahora bien, si el objetivo es la lucha contra el déficit, le pediría que no aplicara las medidas que se están poniendo en práctica en Catalunya: recortes en sectores vitales como sanidad y educación que lo único que consiguen –aparte de empeorar las condiciones de vida de gran parte de la población– es aumentar el paro, disminuir el consumo y, por lo tanto, agravar aún más la crisis económica. Espero que el nuevo presidente del Gobierno sea valiente, que afronte la partida de los ingresos antes que la de los gastos, es decir, que suba impuestos, y no me refiero al IVA, sino a los tramos altos del IRPF, a la recuperación del impuesto del patrimonio, al aumento de la fiscalidad en las sicav... sin olvidar la lucha contra el fraude fiscal.
Ya sé que con una decisión de este tipo se enfrentaría a los que marcan las directivas en la política europea y a los poderosos, pero usted y su partido tienen mayoría absoluta en el Congreso y por lo tanto está en sus manos demostrar que su interés principal es servir a los españoles y no obedecer los mandatos de los que quieren adelgazar el Estado del bienestar.
Jaume Rovira Marsal
Barcelona

Lágrimas del pueblo por el dictador
Contemplo con asombro e indignación las grandes manifestaciones de dolor en Corea del Norte tras la muerte de su dictador. He comprobado hasta qué punto se puede oprimir a un pueblo y este aceptar la servidumbre. Quizá convendría recordar que, no hace tanto tiempo, en Europa, ocurrió algo muy parecido a la muerte de otro dictador. Muchos españoles, incluidos una parte importante de los que hoy están de nuevo en el poder, lloraban en 1975 a lágrima viva y formaban interminables colas para darle un último homenaje.

María Faes Risco
Madrid

La muerte de Kim Jong-il en Corea del Norte

Impresiona ver al pueblo norcoreano llorar por las cuatro esquinas la muerte del dictador Kim Jong-il. Parece que hubieran perdido a un mesías y no a un loco excéntrico, que es lo que era. Un enajenado que durante décadas esclavizó a su pueblo, que convirtió a Corea del Norte en un polvorín nuclear, que dejó morir de hambre a los suyos para conseguir esto último y que aisló a su país del resto del mundo. Por supuesto, la duda está en descubrir si las lágrimas de los norcoreanos son sinceras, son plañideras o son por salvar la vida. Yo supongo que habrá de todo un poco en ellas, como suele ocurrir tras la muerte de un dictador. Lo triste de este asunto no es el fallecimiento de Kim Jong-il, sino el hecho de que, seguramente, todo va a seguir igual en el futuro. Los poderes fácticos comunistas ya se encuentran presionando a su sucesor –su hijo– para que nada cambie. Y a buen seguro lo conseguirán.
Jon García Rodríguez
Bilbao

Los ‘minijobs’ con los que sueña la CEOE
No hay duda de que estamos gobernados por unas potentes sociedades secretas (por encima del poder político legítimo) que quieren imponer en Europa el modelo chino, profundamente antisocial y autoritario, para borrar del mapa el Estado del bienestar. La obsesión de los tecnócratas y los plutócratas, capitaneados por el grupo de Bilderberg, es situar la cuestión social en el siglo XIX. Por otra parte, eso de los minijobs (contratos laborales ultraprecarios de 400 euros al mes propuestos por el BCE y la CEOE) tiene muchas similitudes con lo que ya existe hace un montón de años en EEUU: el fenómeno working poor, la institucionalización de la precariedad laboral. De esta manera, los salarios son tan exiguos que, a pesar de trabajar, el ciudadano no puede vivir con unos mínimos de dignidad y se ve abocado a ir, como actualmente hacen los parados, a los servicios sociales . De hecho, se quiere sustituir la justicia social (el modelo social europeo) por la beneficencia. Es decir, se pretenden maquillar las estadísticas y rebajar, de forma manipuladora, las cifras del paro. Y todo ello nos conduce a un sistema, salvaje, de pobreza extrema y de ruptura absoluta de la
cohesión social.
Josep M. Loste Romero
Portbou (Girona)