Cartas de los lectores

23 de diciembre

El nuevo equipo de Gobierno
Hablar de ministros a título individual es prematuro. La idea predominante es que el aznarismo no ha muerto. Estamos ante un equipo de caras conocidas y de caras nuevas netamente rajoyistas. Tenemos más de lo que teníamos en la etapa 1996-2004. Rajoy continúa teniendo alergia a las entrevistas y su declaración ante los medios en la que hizo pública la lista con los nuevos ministros no llegó ni a dos minutos. Todavía se ve como líder de la oposición y ha salido pitando para evitar cualquier pregunta incómoda. Este es un síntoma característico de su personalidad. A pesar de que en el discurso de investidura nos hablaba de proximidad, de transparencia y de decirnos siempre la verdad, ha preferido callar. Probablemente porque lo que nos tendría que haber dicho eran verdades con recortes sociales inminentes. Prefiere hacerse el remolón de siempre y que sean otros los que den la cara.
María de María
Madrid

Suspenso en educación, sanidad y justicia social
Desde estas líneas, quisiera compartir mi indignación, desencanto y desazón por la actual situación en la que nos encontramos. No me considero un idealista, ni mucho menos, pero no puedo evitar preguntarme hacia dónde nos dirigimos, ¿qué futuro les espera a nuestros hijos? Hace ya muchos años, llegué al convencimiento de que una sociedad moderna y evolucionada debería sustentarse sobre tres pilares fundamentales: educación, sanidad y justicia. Pues bien, en lo que respecta al primero, se impartía una enseñanza de mayor calidad en tiempos de la Segunda República, cuando países como Dinamarca o Noruega enviaban agregados culturales para estudiar el modelo educativo español. Hoy en día, el sistema docente es una auténtico desastre. La situación de la sanidad tampoco es mejor. La semana pasada me comunicaron el fallecimiento de un buen amigo que estuvo tres días en los pasillos de un hospital en espera de quirófano, algo propio de un país tercermundista. En cuanto a la justicia social, ¿qué valoración se puede hacer de un sistema donde el 1% de la población posee el 95% de la riqueza, en el que trabajar se ha convertido en un lujo y en el que cada vez son más los que pierden la vivienda por la que han estado luchando toda su vida en beneficio de ese 1% que cada vez es más rico y poderoso y al que cada día le importa menos el bienestar del restante 99%? Y aún hay quien tiene el cinismo de criticar nuestro derecho a estar indignados.
Sergio Torres Giménez
Barcelona

El caso Urdangarin y la defensa de la familia real
En el caso Urdangarin, los apologetas de la monarquía intentan convencernos de que dicha institución no sólo es buena, sino que también es necesaria. Para ello, utilizan argumentos tan dispares como el supuesto papel equilibrador de la monarquía como institución, la popularidad del rey y su papel conciliador durante el 23-F y, por último, el dolor de la familia real por lo sucedido.
Me temo que, si se demuestra que Urdangarin es culpable, el rey aparecerá de cara a la galería como el padre sufridor que ha sido defraudado y creará un halo de compasión y victimismo que beneficiará a fin de cuentas a la monarquía.

Los valores institucionales y políticos de una monarquía no se pueden basar esencialmente en una valoración moral y personal de sus miembros o de los gastos que genera al erario público. La modernidad hace tiempo que mandó al baúl de los recuerdos a esta institución, donde la sucesión se da por vía consanguínea y no de forma democrática, una
institución que está permanentemente rodeada de un halo de opacidad y misterio donde no tienen la necesidad de dar cuenta a nadie de sus actos, una institución que parece estar anclada en una suerte de ontología divina que la hace estar por encima del bien y del mal y, en definitiva, una institución incontrolada, democráticamente hablando.
Horacio Torvisco Pulido
Madrid

La Unión Europea de hoy no nos puede dar lecciones
La Unión Europea nos ha demostrado que los objetivos de Lisboa del año 2000 los ha olvidado. Por una vez pudimos visualizar un triángulo perfecto: economía, trabajo digno y protección social, además de recomendaciones sobre consumir de un modo más eficiente, fomentar los hábitos eco-saludables y cuidar el entorno como si fuera nuestro propio patrimonio. Hoy, aquellas grandes metas, los neoconservadores las llaman demagogia. Sin embargo, no muestran ninguna preocupación por los paraísos fiscales, la economía sumergida o la malversación de fondos.
Jaime Guallart
Madrid

Bajo los dictámenes de una ley electoral injusta
Rosa Díez perdió una oportunidad de oro en la última réplica a Mariano Rajoy durante el debate de investidura cuando este contestó, visiblemente enojado, que la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) era una ley democrática, aprobada en un parlamento democrático como las Cortes Generales y, a renglón seguido, en otra contestación a la diputada, afirmó que él creía en la igualdad de todos los españoles. Ahí es cuando Díez tenía que haber contestado a Rajoy que los españoles no somos iguales ante la LOREG cuando un escaño de un partido cuesta 60.000 votos para unos partidos y, en cambio, 150.000 y hasta 300.000 para otros, lo que pone de manifiesto las desigualdades de nuestra ley electoral.
Franci Xavier Muñoz Sánchez
Madrid