Cartas de los lectores

11 de enero

La mentira política debería ser delito
Los nuevos responsables de España se han creído que se puede jugar con nosotros, como si fuéramos niños. El Partido Popular mucho antes del 20-N utilizaba como arma arrojadiza contra el Gobierno de Rodríguez Zapatero sus inexactitudes sobre el déficit de 2011. Ahora que no nos digan que desgraciadamente este "legado" les obliga a subirnos los impuestos (no es el déficit de las autonomías) y eso que yo no estoy en contra de los impuestos. Un Estado que quiera mantener unos derechos sociales dignos, garantizados y sostenibles, tiene que contar con ingresos y, en especial, de los que más ganan, los patrimonios improductivos y los fondos de las sicav. Lucha contra el fraude y la economía sumergida. Sin embargo, la subida de impuestos del presidente ausente nos ha dado en la línea de flotación a quienes aún podíamos hacer frente a nuestras deudas.
María de María
Madrid

La otra Europa a dos velocidades
En Alemania, un jefe de Estado que olvidó señalar un préstamo menor y presionó a un diario para que no lo dijera tiene ya los días contados, y el pueblo se manifiesta ante su palacio para que se vaya. Aquí han hecho falta muchos años de peticiones del Parlamento para que, presionado por un mayúsculo escándalo económico, la Casa del Rey diga –según cuentas no auditadas– lo que cobra directamente el jefe del Estado, cuatro veces más que el presidente del Gobierno. Y seguimos sin saber nada de su gran riqueza personal, revelada por la prensa económica extranjera; patrimonio adquirido durante el ejercicio de su cargo mediante "prudentes inversiones", según replica ante insistentes preguntas la Casa del Rey, sin duda para distinguirla de las inversiones "no ejemplares" de Urdangarin. ¿Es ese un ejemplo más de una Europa a dos velocidades?
Verónica Castro Mulder
Madrid

Exportamos ciencia a coste cero

Del paquete de medidas aprobadas por el nuevo Gobierno, el recorte de 600 millones de euros en la partida de I+D+i parece el último de los atropellos por los que está pasando la ciencia española en el que el argumento esgrimido es que sólo se verán afectadas las partidas con ninguna viabilidad en un futuro próximo. Algo que es totalmente criticable, si tenemos en cuenta que los beneficios de estas investigaciones tardan ocho años de media en producirse, unidos a una clase política que no ve más allá de las siguientes elecciones, y que se muestra incapaz de tomar las reformas estructurales necesarias para que el país salga del pozo en el que está metido. Y es que centrándonos únicamente en las consecuencias económicas que tendrá esto, basta con pararnos a pensar en los 30.000 euros de media que cuesta una carrera superior, unida a los 24.000 euros de un doctorado y a las becas, que en total tienen un coste de 72.000 euros por estudiante. Con estas medidas lo único que se conseguirá es que las mentes más privilegiadas de este país acaben por marcharse, mejorando la competitividad de otros países europeos a un coste cero, por lo que lo mejor que puede hacer el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, es dar marcha atrás en la adopción de esta decisión si no quiere que aquel famoso dicho de Unamuno del "¡que inventen ellos!" acabe por convertirse en algo invariable.
Guillermo Samanes Olleta

Volver a plantear la ‘tasa Tobin’
Habría que aplicar inmediatamente esta tasa, al menos en el ámbito de la eurozona y, en la medida de las posibilidades, en el conjunto de la Unión Europea, Estados Unidos y el resto del mundo. La tasa Tobin es un impuesto muy bajo sobre el flujo de capitales (se puede decir que es un impuesto que intenta limitar la especulación financiera). Creo que debería ser recaudado por la Unión Europea, pese a que esto todavía puede tener unas dificultades técnicas, en cualquier caso, mientras tanto podría ser recolectado por los estados miembros de la UE. Parece que Francia, a pesar de tener un Gobierno de centroderecha, quiere poner en marcha esta tasa tan necesaria para el control democrático y la justicia social. Esta tasa no solucionará milagrosamente el conjunto de problemas que atraviesa Europa, pero puede contribuir a detener la irracionalidad del mundo financiero y, además, podría recaudar un dinero que debería servir para mejorar ciertos aspectos del Estado del bienestar, tan amenazado hoy en día.
Josep M. Loste Romero
Portbou (Girona)

¿Resignación o responsabilidad?
Las encuestas demoscópicas detectan que la mayoría de los ciudadanos aceptan los recortes –los populares los llaman "ajustes"– como una necesidad del momento crítico que atravesamos. Unos recortes –conviene no olvidarlo– que no los inaugura el PP, sino que hace meses que Zapatero y su Gobierno se vieron obligados a imponer con urgencia por mandato de Bruselas. Lo que ya no sorprende es el cinismo del actual presidente del Gobierno, que se ha pasado la última legislatura criticando con fervor a Rodríguez Zapatero por haberlos puesto en práctica y que ahora él y su Gobierno los editan corregidos y aumentados. El Partido Popular actúa con una incongruencia que clama al cielo –además de un fondo de armario predemocrático preocupante–. La ciudadanía –¿resignada o responsable?– resistirá, a pesar de todo, como siempre lo ha hecho.
Marc Antoni Adell
Valencia