Cartas de los lectores

20 de febrero

Las ocurrencias de Wert
Dice nuestro ministro de Educación que las becas han de otorgarse y sostenerse progresivamente en función del rendimiento estudiantil, y no por rentas familiares de desiguales recursos. ¿Olvida Wert que las diferencias en cuanto al rendimiento escolar entre el alumnado se deben, en gran medida, a las desigualdades económicas y residenciales, y que por ello se otorgan becas teniendo en cuenta la situación socioeconómica del alumno?
Premiar a quienes han heredado privilegios supone condenar a la hambruna a quienes han heredado la miseria y de ella quieren escapar formándose, salvo que Wert lo impida. Además, se le escapa al ministro que los universitarios que estudian con beca saben que necesitan aprobar más del 60% u 80% del total de los créditos de cada curso para poder seguir recibiendo la beca, pero a Wert ese rendimiento le parece insuficiente.
Javier Gómez
Barcelona

Educación y competitividad
El ministro de Educación, José Ignacio Wert, parece que tiene pensado hacer ciertos cambios en el sistema universitario por ser, según sus palabras, un acto de "justicia social" que hay que acometer y sobre el que hay que reflexionar. Tras una aseveración tan elocuente me pregunto: ¿habrá encontrado alguna solución para que el sistema educativo deje de ser un instrumento de reproducción social?, ¿habrá entendido la desventaja que supone para los educandos de origen proletario acceder a estudios superiores?, ¿se habrá dado cuenta de que hay que poner los medios necesarios para que la movilidad social se produzca y que para ello es imperioso librar de trabas a ciertos sectores? No. El ministro ha decidido que es de suma importancia revisar el sistema de acceso y el mantenimiento de las becas universitarias para que dejen de estar tan vinculadas al nivel de renta familiar; primando así, fundamentalmente, un rendimiento académico que se considera aumenta la competitividad y el carácter meritocrático de nuestra sociedad. Es como si en una carrera de cien metros el lugar desde el que se partiese fuese indiferente, porque, al fin y al cabo, todos pueden ganar. ¡Qué alocución tan maravillosa! Para que luego digan que hay que cambiar la Ley Electoral. ¿Para qué? ¡Si todos pueden ganar!
Álvaro Romero Alonso
Córdoba

La sonrisa del ignorado
Los medios conservadores españoles –cada vez más y más serviles con los populares– se desgañitaban cuando presentaban la reciente visita de su líder a la Comisión Europea, describiéndola como un gran triunfo diplomático y político. Pero las imágenes que nos llegaban desde Bruselas no casaban con dicha eufo-

ria, especialmente la que mostraba a un Rajoy sonriente e ignorado profundamente por el resto de mandatarios europeos. Es lo que sucede cuando se presume de lo que uno carece: la solución a la crisis y la "admiración" de sus colegas europeos. Le está bien empleado a tan presuntuoso personaje.
Marc Antoni Adell
Valencia

Ni bien común ni intereses generales
La ministra de Empleo, Fátima Báñez, para defender la reforma laboral del Gobierno afirmó que con la anterior legislación laboral se habían generado dos millones y pico de parados, silenciando interesadamente que la causa de ese desempleo no ha sido otra que el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la crisis económica internacional. El Gobierno y sus voceros académicos y mediáticos se explayan en argumentar que había que cambiar el modelo de relaciones laborales debido a la masiva destrucción de empleo que se genera en España cada vez que hay una crisis profunda, sin explicar por qué esa misma legislación laboral ha servido siempre para crear empleo cuando la economía del país ha crecido. Argumento que cualquier escolar de primaria entendería: si crece la economía, crece el empleo; si decrece la economía, decrece el empleo. Lo más grave de esta reforma laboral es que el Gobierno popular ha reventado el principio ejecutivo del poder político, teorizado en época medieval como "la defensa del bien común" y en época contemporánea como "la defensa de los intereses generales". Esta reforma laboral no ha sido pensada para esto último, sino sólo para la defensa de los intereses parciales de los propietarios del capital y de los medios de producción, es decir, de los empresarios.
Franci Xavier Muñoz Sánchez
Madrid

FMI, una institución de poca credibilidad
Al oír las noticias que nos llegan esta semana desde Grecia, y viendo la más que comprensible reacción de los ciudadanos griegos a causa de las políticas y las medidas económicas que le piden al Gobierno griego, entre otros, el FMI, sólo puedo pensar en aquellos días del otoño de 2001, y enero y febrero de 2002, en los que Argentina vivía tiempos de máxima inestabilidad que en nada se diferencian de lo que está sucediendo ahora en Grecia.
También me acuerdo de la extraordinaria reacción de los países latinoamericanos negándose a pagar la deuda contraída con el FMI, que estaba empobreciendo a sus poblaciones. Creo que el FMI no ha aprendido de los errores cometidos en el pasado, y por lo tanto no es quién para exigirle nada a Grecia, España o Italia.
Alejandro López Fernández