Cartas de los lectores

11 de agosto

Record olímpico de Bush
Bush ha aterrizado en China disfrazado de misionero de los derechos humanos. Resulta paradójico que vista justo ese traje el culpable de la muerte de centenares de miles de seres humanos en una guerra injusta en Irak, el responsable también, en parte, de que hayan muerto de hambre millones de personas, por su proteccionismo agrícola y comercial, y de que su país acabe de menospreciar una vez más toda justicia y ley internacional al "ajusticiar" en 48 horas a dos latinoamericanos.
Merecería que por su récord olímpico de hipocresía le dieran la medalla de oro del cinismo, al triunfar en su propio campo frente a los anfitriones con ese máximo "cuento chino" de presentarse como defensor de los derechos humanos.
Javier Cobo Antón / Madrid

Bush y los derechos humanos
Nada puede sorprender ya del presidente George Bush, aunque él se empeñe en dar titulares a los periódicos y motivos para la crítica. Hace unos días, en Bangkok, manifestó su "profunda preocupación por los derechos humanos en China" y al llegar a este país sólo se ha atrevido a comentar que "todo el mundo debe tener libertad de decir lo que piensa y rezar lo que elija", rebajando el tono anterior de su crítica para no importunar a su anfitrión.
Es hipócrita que requiera el respeto a los derechos humanos el valedor de Guantánamo; el responsable de que existan prisiones, en otros países, para detenidos sin garantías –según la CIA, por delitos de terrorismo–, y a los que interrogan sin abogados. Nunca mejor aplicado nuestro refranero para decir que Bush ve la paja en el ojo de China y no ve la viga en el suyo.
José Ulpiano Pérez Cervantes / Sant Pere de Ribes (Barcelona)

Fines de semana violentos
Es demasiado habitual que cada fin de semana, en la mayoría de las ciudades y pueblos de nuestro país, se produzcan altercados, agresiones y peleas entre pandillas enfrentadas, tráfico y consumo de drogas y excesivo consumo de alcohol entre jóvenes menores de edad. Ante esta situación, muchos estamos preocupados, y algunos ya alarmados al ver que esto no mejora.
Me comentaba un grupo de hosteleros, de un pueblo gallego que, cuando avisan a las fuerzas de seguridad por el trapicheo o por las peleas que hay fuera de sus locales, la policía se demora y casi siempre llega tarde, cuando los implicados en las trifulcas ya han desaparecido. Es cierto que muchos hosteleros profesionales se encuentran desprotegidos para atajar esta situación, ya que su misión es mantener el orden dentro de sus locales, mientras que la calle es obligación de los agentes de la seguridad ciudadana.

Cuando en los distintos medios de comunicación se ofrecen noticias sobre la detención de grupos por agresiones, trapicheos o sobre la desarticulación de puntos de venta de drogas, lo cierto es que a la mayoría de los vecinos no nos coge por sorpresa, porque ya es de sobra conocido que en esos lugares, desde hace tiempo, es habitual este tipo de prácticas ilegales.
Los ayuntamientos, a través de las Juntas Locales de Seguridad, deberían tomarse más en serio estas situaciones y adoptar diferentes medidas contundentes para terminar con la inseguridad en nuestras calles.
José Manuel Pena / Riveira (A Coruña)

Protocolos para nada
Ultimamente se esgrime mucho el protocolo para justificar actuaciones de los servidores públicos. Los trabajadores de la empresa privada carecen de él, tienen que cumplir con las órdenes que les llegan de arriba, es su obligación, sin más.
El protocolo no salva vidas en muchas ocasiones, sino que las pone en peligro. Por su culpa murió ahogado un niño en la piscina fluvial de la Expo de Zaragoza. Dos médicos que había cerca no le atendieron porque, según el protocolo, su misión consistía en atender las necesidades de una comitiva extranjera. Si un niño se ahogaba a poca distancia no era su problema, así que hubo que esperar a una ambulancia que llegó desde un hospital situado a cinco kilómetros.
Otras veces no se puede cumplir con el protocolo y muchas personas salen perjudicadas. En lo que respecta a la vigilancia de mujeres maltratadas, según el protocolo necesitan a un policía por cada 12 mujeres, misión harto difícil por cuanto la vigilancia debería ser de 24 horas. Dado el escaso número de policías designados a esta labor, en España se cuenta con un policía por cada 80 mujeres. Así no hay maltratada que se sienta protegida por mucho que la ley de violencia machista le otorgue ese derecho. Habrá que cambiar los protocolos, pues no sirven de nada.
Antonio Nadal Pería / Zaragoza

¿A quién le importan las personas dependientes?
El Gobierno central actúa de manera inmediata en cuanto surgen conflictos referidos a la unidad del Estado español, o a algunos símbolos como la bandera o la monarquía. La fiscalía ha perseguido eficientemente a quienes quemaron fotografías del Rey, y los miembros del Gobierno de Rodríguez Zapatero repiten hasta la saciedad que paralizarán la consulta de Ibarretxe. Todos estos temas afectan exclusivamente a sentimientos de aprecio a la patria.
Sin embargo, el Gobierno del PSOE no interviene para intentar acabar con el bochornoso espectáculo de la paralización de las ayudas a las personas dependientes por parte del Gobierno de la Generalitat valenciana. Algunos medios de comunicación nos recuerdan continuamente la crítica situación de algunas familias con personas dependientes a su cargo, pero parece que el Estado no puede intervenir para obligar a que algunos gobernantes regionales del PP obstaculicen las leyes de sus adversarios políticos. Lo único que se me ocurre es que, gracias a esta pasividad, queda en evidencia la deshumanización de algunos miembros del PP, y ello da votos al PSOE. No sabría decir cuál de las dos actitudes me parece peor.
Manuel Peris Vidal / Valencia