Una campaña marciana (6): Diez claves para entender los malditos debates

En el momento en el que estoy escribiendo esta columna, descontando que se produzca alguna nueva genialidad del gabinete de Moncloa que acabe dando lugar a una serie infinita de debates en diferentes televisiones, en horarios consecutivos y con los candidatos viajando con la lengua fuera de plató en plató, parece asegurado que en esta campaña marciana, como no podría  ser de otra forma, también tendremos debates extraterrestres: Concretamente dos, en días consecutivos y en cadenas distintas.

Pero no quiero entrar hoy en el proceso de des-negociación que, de algo que comenzó siendo un comodísimo debate a 5 con Abascal ejerciendo de tenor principal del orfeón de Colón, ha dado como resultado dos complicados (Para Sánchez) debates a cuatro y además sin el sparring facilón de Vox, sino en contarles algunas cosas que he aprendido sobre los propios debates electorales televisados. Vamos a ello.

Plató de TVE donde se celebrará el debate entre los cuatro principales candidatos para las elecciones del 28-A.
Plató de TVE donde se celebrará el debate entre los cuatro principales candidatos para las elecciones del 28-A.

1.- Después de haber visto muchos (pero muchos) debates y habiendo tenido la oportunidad de preparar unos cuantos con diferentes candidatos y en algunos países hay una cosa que cada vez tengo más clara, por mucho que insistan las televisiones donde se van a llevar a cabo, los debates no se ganan, si me apuran mucho, y un debatiente enloquece en el plató poniéndose a bailar reggaetón o recitando a Kipling, puede llegar a perderse.

2.- Por mucho que se empeñen en llamar “debate” a una comparecencia entre 2 y 42 candidatos haciendo fila tras un atril, un debate electoral se produce entre dos candidatos, si en el plató se encuentran más contendientes estamos ante otra disciplina, no se si dialéctica o gimnástica, pero eso no es un debate, es otra cosa.

3.- Un debate no es un combate de boxeo o un partido de fútbol,  el equipo que lo prepare bajo la premisa de que sus fans y militantes salgan enardecidos de los “zascas” de su favorito al resto de contendientes y bramando una victoria por KO, se dará cuenta pronto de que esa es una receta fantástica para conseguir que solo los tuyos te escuchen. No debates para tus fans, esos ya te iban a votar. Se que es muy espectacular, pero ganar un debate no es eso.

4.-  A nadie le gusta tener en el salón de su casa a cuatro  señores interrumpiéndose, gritándose y llamándose “mentiroso” los unos a los otros, bastantes líos tiene el ciudadano de a pie para recibir en su casa a tamaños trogloditas. Un debate no se gana a gritos, sino seduciendo. No se debate para motivar a los tuyos – si no vienen de casa motivados, tienes un problema-  sino para acercarte a los templados, a los que dudan, a los que aún no saben a quién van a votar. No debates para llamar a filas a la legión espartana, debates para seducir y convencer.

5.- Un debate es en el único momento de la campaña en el que van a poder ver a cada candidato solo, sin su equipo de asesores, sin la parafernalia de los mítines que acolchan y engrandecen su figura. Es el momento en el que un candidato se siente más expuesto, y el único en el que coincide en tiempo y espacio con su rival – en este caso rivales- . No hay artificios, es pura política.

6.- Lo primero que deben decidir los candidatos y sus equipos no es la estrategia, ni los “sound-bites” que utilizarán para que sus propuestas queden resaltadas, sino el objetivo y el tono. ¿ A quién se van a dirigir a todos o solo a los indecisos? ? ¿Van a ser agresivos? ¿Van a utilizar un tono presidencial? ¿Van a interrumpir al contrario? ¿Van a realizar preguntas directas? El objetivo y el  tono marcan el resto de elementos.

7.- Es tremendamente complicado establecer estrategias eficaces en un debate a 4, se producirán alianzas que después desaparecerán para trenzarse de nuevo más tarde. Atentos no solo a las batallas derecha-izquierda sino a las escaramuzas dentro de cada bloque ideológico para marcar perfil propio.

8.- El debate no solo sucede en la televisión, vamos a un debate que se jugará también en una segunda pantalla, la de los teléfonos móviles. A buen seguro que Vox y su armada digital se hacen presente en las redes sociales y en Whatsapp  tratando de conseguir espacio al día siguiente en los medios tirando de toda la parafernalia anti-stablishment que han exhibido durante la campaña.

9.- Tras una campaña con sordina cuya primera semana ha coincidido casi completamente con las vacaciones y los fastos de la semana santa, este debate en dos capítulos se ha convertido en el primer,  único y último espacio en el que los candidatos van a confrontar realmente sus programas y visiones de España, y digo último porque en cuanto acabe el segundo capítulo del debate  la campaña habrá terminado, no habrá ni tiempo ni espacio para rectificar.

10.- Miren, ya está bien de que en cada elección nos encontremos con que los debates dependan del humor o los errores negociatorios de quien vaya primero en las encuestas, es necesario constituir un organismo profesional que garantice su existencia más allá de las necesidades tácticas de cada partido, vele por su calidad y establezca criterios objetivos de representación tanto para definir quién participará y quién no como para que los españoles podamos disfrutar de debates serios. Y no me refiero solo a debates a 4 ó 5 ‘ 27, sino  auténticos debates electorales entre los 2 candidatos con posibilidades de llegar a la Moncloa.