Opinion · Realpolitik

Rivera y la estrategia del Salami

En nuestro país, tras cuarenta años de democracia, cualquier sindicalista que haya tenido que lidiar con las negociaciones de un convenio colectivo, cualquier concejal de pueblo mediano que haya presentado una moción de censura a su alcalde e  incluso cualquier ejecutivo de empresa con algún trienio cotizado a sus espaldas sabe de estrategias de negociación.

De entre todas ellas, mi favorita es sin duda la llamada “Estrategia del salami”, un modelo que parte del famoso adagio romano “divide et impera” y en que el negociador, en lugar de presentar todo lo que piensa demandar de una sola vez (el salami completo), presenta primero una sola demanda (una loncha del salami), y una vez conseguida otra, y luego otra, y así sucesivamente.

Cualquier sindicalista, concejal de pueblo o ejecutivo intermedio sabe que la forma más eficiente de combatir esta sibilina táctica es asegurarse antes de comenzar la negociación que esa primera demanda-loncha del salami será la única en discusión, o bien al presentarse la segunda demanda, debe poner de manifiesto que se está entrando en una nueva negociación, por lo que el primer acuerdo queda revocado. Es la única manera de que el salami no se indigeste.

Sorprendentemente, el sábado se demostró que mientras el equipo del Partido Popular conocía perfectamente esta estrategia y la utilizó de forma brillante en su negociación con (o más bien contra) Ciudadanos, atornillándoles profesionalmente loncha tras loncha del salami de los pactos hasta dejarles sin botín, sin aliento, y retratados de forma inmisericorde con las huestes de Abascal en algo ya no es la fotografía de Colón, sino todo un largometraje de la UFA dirigido por Leni Riefenstahl, en el equipo negociador naranja nadie daba signos de vida inteligente y aparecían ante los medios como unos auténticos pichones desplumados que por no enterarse, ni siquiera sabían la matrícula del camión que les había pasado por encima.

No me extraña en absoluto el cachondeito que cualquier observador medianamente avisado podía detectar fácilmente en la dirección del PP, habían desplumado a Rivera de forma tan elegante que como si del timo del tocomocho se tratase, el julay  (Persona incauta, fácil de engañar según el diccionario de la R.A.E) no solo no se había dado cuenta de que había sido timado, sino que además se sentía ganador del lance.

¿Y cómo ha quedado nuestro país tras este trasiego de embutido? ¿Quién gana y quién pierde tras el proceso de pactos?  Pues procedamos a analizarlo con el desapasionamiento de un entomólogo.

Para comenzar una advertencia, no estoy hablando de quién ganó las elecciones municipales, sobre eso no hay duda, el PSOE ha conseguido 22.335 concejales, 2.000 más que el PP, sino de quien ha ganado en el proceso de negociación posterior.

1.-  El ganador indiscutible en este proceso es el PP de Pablo Casado, que recupera por la vía de los pactos-salami  mucho de lo que perdió en las urnas.

Para que se hagan una idea, el PP con muchas menos alcaldías gobernará sobre tantos ciudadanos como el PSOE, superando en este registro su marca de 2015, unas elecciones en las que a pesar de ser la fuerza más votada, perdió decenas de gobiernos por el pacto PSOE-Podemos

Casado remonta el desastre electoral gracias  a la ineficiencia negociadora de Cs y su implicación personal en las negociaciones, un proceso en el que se ha fajado, se ha arriesgado y ha ganado.

2.-  También Vox es uno de los ganadores nítidos de la jornada ya que  consigue saltarse los vetos y entrará en unos cuantos gobiernos de la mano de PP y Cs.

Magna cum Laude a su estrategia de negociación. Han maximizado su influencia con muy pocos concejales.

3.- Pierde Podemos, No solo en número de alcaldías y gobierno, la ola de las ciudades del cambio se ha detenido y  le ha salido un competidor como Iñigo Errejón que le ha arrebatado la antorcha simbólica del cambio dentro de su propio espacio político.

4.- Pierde el PSOE,  ya  que no solo no consigue una alcaldía más de las que le correspondía por los votos obtenidos sino que no gobernará en muchas de las que ha sido primera fuerza.

Con 2.000 concejales más que el PP,  el PSOE no ha utilizado el arma de influencia masiva que es poseer el gobierno de España y  ha perdido una oportunidad histórica de convertir al PP en una fuerza política casi marginal.

5.- Y, bueno,  lo de Cs ya es de otra liga.

La brillante idea de los vetos y líneas rojas al PSOE y su estrategia negociadora improvisada y amateur,  además de hacer naufragar sus órdagos en la negociación con el PP, ha hecho que una su destino al del partido con el que compite.

Supongo que alguien tendrá que explicar en algún lado la razón por la que el resultado fehaciente de un proceso mal concebido y peor ejecutado no es otro que una erosión de la marca Cs como proyecto liberal, la resurreción de Casado y su Partido Popular y una posición subalterna y endeble en los lugares donde gobernarán.

Yo que quieren que les diga, no les arriendo la ganancia.