Opinion · Realpolitik

Investidura: minuto y resultado

Cuando uno lee a algún sesudo analista poner como ejemplo las negociaciones, pactos y coaliciones de gobierno allende nuestras fronteras, corre el riesgo de imaginarse a dos caballeros británicos de blancas pelucas e impolutas casacas, tomando el té ante una mesa de estilo colonial y declamando poemas de Yeats mientras definen con galantería el futuro de la patria. Nada más lejos de la realidad.

Las negociaciones para la formación de un gobierno en un entorno como el nuestro, es decir, sin mayorías sencillas, a lo que en realidad se parecen es a una pelea en el barro entre gañanes de torvos modos, largas lenguas y patibularias patillas, y esto vale para España, Italia, Estados Unidos o cualquier país civilizado excepto -quizás-  San Marino que como todo el mundo sabe no es un país, sino empresa exportadora de cantantes melódicos a granel para el festival de Eurovisión.

¿O piensan que los partidos suecos, o italianos, o neozelandeses se dedican a las batallas florales cuando la cosa va de hacer gobierno? Olvídense, las tretas, estratagemas, zancadillas, filtraciones interesadas a medios, apretones y peleas por cada milímetro de poder son titánicas. Exáctamente igual que aquí.

Cuando los españoles decidimos alegremente, muy ayudados por PP y PSOE todo hay que decirlo, abandonar el oprobioso bipartidismo y lanzarnos por el tobogán de la nueva política, alguien debió advertirnos que a la vez estábamos comprando un bonito pack de circo investitorio acompañado de inestabilidad kafkiana, riesgo permanente de elecciones y absoluta imposibilidad de realizar políticas de estado de medio plazo. Las cosas de no leernos la maldita letra pequeña, supongo.

Pero una vez llegados a este punto, ¿Cómo va realmente la negociación para construir un gobierno en torno al PSOE de Pedro Sánchez?

Pues miren, sigo diciendo que la cosa no va mal para el inquilino de la Moncloa, y que o mucho me equivoco o ya puede comenzar a sentir el tacto del BOE con la punta de sus dedos.

Olvídense de debates florentinos, dimes, diretes, declaraciones ostrogodas, bravuconadas, órdagos a chica y propuestas marcianas, todo eso forma parte de un espectáculo por el que hemos pagado religiosamente con nuestros impuestos, y del que debemos disfrutar ya que  lo cierto es que esta vez se están esmerando.

¿Y en qué razones me baso para llevar la contraria a casi todos los intrépidos periodistas que tratan de interpretar el estado de las negociaciones haciendo meritorios ejercicios de semiótica comparada sobre las declaraciones de todos los actores de esta ópera,  o a casi todos los analistas que se prestan solícitamente a convertir filtraciones – normalmente bastante sosas- en auténticos venablos políticos dignos del propio Talleyrand?

Vamos con tres de ellas

1- Expectativa: Tanto Sánchez como Iglesias son conscientes de que toda esta berrea previa tiene un único objetivo, llegar en la mejor posición política posible a la negociación de verdad, esa que se va a producir discretamente a escasas horas de que comience el pleno de investidura y a la que ambos van a llegar con la necesidad de llegar a algún tipo de acuerdo que no frustre las expectativas de sus respectivos votantes.

2- Poder: Hay un método infalible para descubrir a un memo, a un farsante o a alguien que cumple ambas cualidades, cuando lean, vean o escuchen a alguien hablar de que “Iglesias y Sánchez no se llevan bien”, y que esa mala relación personal está dificultando las negociaciones, ahí tienen ustedes al memo.  Sánchez e Iglesias son dos profesionales de ésto desde su más tierna juventud, y ambos saben que esto no es personal, sino un juego de poder, y que el poder no solo se ejerce desde el gobierno.

3.- Necesidad: En política -y en el mus, pero bueno, esa es otra historia- hay que echar los órdagos cuando toca, no cuando quiere el contrario, y si algo ha quedado claro es que Iglesias ha usado el comodín mágico de la “consulta a la militancia” demasiado pronto, lo que ha demostrado una vez más su bisoñez y sus nervios. Ambos necesitan un acuerdo y harán lo necesario para alcanzarlo.