Opinion · Realpolitik

Anatomía de dos fracasos

Solo los seguidores del Atlético de Madrid están más acostumbrados a una dieta estricta de frustración, melancolía y llanto permanente por las expectativas no cumplidas que los votantes de izquierdas de nuestro país.

Balones al palo, porteros con las manos flojas, delanteros que sólo la piden al pie, finales perdidas en el minuto 93, jugadores claves traspasados sin explicación alguna, goleadores mandados al banquillo para sacar al campo al protegido de un directivo…

Lo sucedido el pasado jueves en el congreso de los diputados no fue sino un capítulo más de una historia plagada de autoboicot, incomprensiones, malas decisiones estratégicas y soberbia a raudales el la que los dos partidos mayoritarios de la izquierda española han tomado como rehenes a sus votantes para embarcarse en una lucha sin cuartel ante la sorpresa y el deleite de una derecha en la que si bien han anidado las divisiones, mantiene el pragmatismo suficiente como para cuajar gobiernos incluso en las peores condiciones.

He de dar también noticia de mi propio error, durante un mes traté de analizar en esta columna  las posibilidades de que se construyera un gobierno de coalición en base a dos elementos que siempre son clave: incentivos y costes. Pero los a mi juicio enormes incentivos para Podemos de llegar a un acuerdo y los altos costes para el PSOE de no hacerlo no formaron parte de la ecuación resultante, es decir, no creí que se atrevieran a no llegar a un acuerdo. Y vaya si se han atrevido.

¿Cuáles son entonces las causas de que hoy no tengamos un gobierno? Tratemos de analizar las razones de forma desapasionada.

1.-  A lo que hemos asistido no es a una negociación de gobierno, sino a una representación de la  misma, y para poner el ejemplo de lo que es una negociación de verdad vayamos a los datos:

En Alemania tras las últimas elecciones y después de llevar casi 4 años gobernando juntos, los socialdemócratas del SPD y los cristianodemócratas de la CDU se pasaron 80 días sentados alrededor de una mesa construyendo un documento de casi 200 folios con el programa de gobierno, el reparto de ministerios y las competencias de cada uno.

Lo que hemos visto no es ni siquiera parecido.

2.- La difícil coalición entre partidos similares

Resulta mucho más sencillo construir coaliciones entre partidos que representan a distintos electorados que hacerlo entre formaciones que se están disputando los mismos votos, mientras los primeros se complementan, los segundos están abocados a competir.

3.- Las Agendas ocultas en PSOE y Podemos

A día de hoy no sabemos si realmente PSOE y Podemos querían llegar realmente a un acuerdo, no conocemos los objetivos reales de cada partido. Y no los vamos a conocer.

4.- Los órdagos del PSOE

Si somos honestos y miramos a lo sucedido con objetividad, hay al menos dos momentos en los que el PSOE forzó la máquina con tal virulencia, que el resultado solo podía ser o bien una humillación insoportable de Podemos o una ruptura de las negociaciones por manifiesta mala voluntad de los socialistas.

En primer lugar -recuerden-  la inconcebible entrevista que concede Sánchez a Ferreras en La Sexta  en la que el propio Sánchez se atreve a vetar a Iglesias, y no solo por el veto, sino el desabrido tono de la misma.

En segundo lugar, -hagan memoria- la dolosa  filtración del documento de trabajo de Podemos por parte de la vicepresidencia del gobierno. Si quieres reventar una negociación, el mejor modo de hacerlo es sin duda filtrar un documento de trabajo de la misma.

4.- La ambición desmedida de Podemos.

Y si la posición negociadora del PSOE es al menos cuestionable, la de Podemos no deja de ser sorprendente por su ambición desmedida y culposa, su  infantilismo, su falta de profesionalidad y un desconocimiento casi delictivo de lo que es un gobierno y como funciona, de tal suerte que si llega a prosperar no nos hubiéramos encontrado con un gobierno de coalición ni de cooperación ( sea lo que demonios sea eso), sino con uno de cohabitación a la francesa.

La propuesta ministerial de Podemos era tan inaceptable para el PSOE o para cualquier partido serio que hubiera ganado las elecciones con la claridad con la que lo hicieron los socialistas, que a Iglesias sólo le faltó pedir el virreinato de las indias orientales.

5.- Mucho marketing, poca política.

Lo que se ha dado en llamar erróneamente la “batalla del relato”, no ha sido otra cosa que una  batalla por asignar las culpas del posible fracaso al rival a través de los comunicación y de twitter desde el minuto uno. Solo eso. Nada más.

Un “relato”, una narrativa política es algo bastante más serio que “La culpa es de Pedro” o “La culpa es de Pablo”.

6.- Resultado: El fracaso de dos modelos

La conclusión de todo este despropósito retransmitido en directo no puede ser más desalentadora para toda la izquierda:

Fracasa el Podemos de Pablo Iglesias surgido de Vista Alegre 2, el Podemos que olvida la transversalidad, el Podemos que abandona la construcción de un proyecto de mayorías, el Podemos que expulsa a las tinieblas exteriores a  buena parte de su talento técnico, orgánico y político.

Fracasa  también el PSOE de un Sánchez que comenzó el asalto a su partido en una entrevista televisiva con Jordi Evole en la que tras entonar un marketiniano “mea culpa”, mostró unas hasta ese momento desconocidas querencias  izquierdistas  y  presentó un sorprendente modelo político de pacto con Podemos y de combate contra el  stablishment del IBEX35 y los grandes medios de comunicación.

Fracasa el Sánchez del  “NO ES NO”, el de la moción de censura a lo Pancho Villa en la que además de por Podemos, fue apoyado por todo el nacionalismo y el independentismo.

Y fracasa además, y esto es lo más destacable,  traicionándose una vez más  sí mismo tras implorar la  abstención a PP y Ciudadanos para llegar de nuevo al palacio de la Moncloa, una verdadera  enmienda a la totalidad a los principios del proyecto que le llevó a la jefatura del PSOE y a la presidencia del gobierno.