Opinion · Realpolitik

¿De verdad suma «España Suma»?

Cuaderno de bitácora: Año 2000 de la presente era, José María Aznar gobernaba en España con el apoyo de los votos de Jordi Pujol.

Tras unas crueles primarias en el PSOE (disculpen el oxímoron) en las que Joaquín Almunia y Josep Borrell compitieron sin hacer prisioneros por la sucesión de Felipe González, la victoria de Borrell y su inconcebible dimisión posterior, Joaquín Almunia a la sazón perdedor de las primarias, se erigió en candidato de los socialistas a la presidencia del gobierno.

Y como si todo este despropósito digno de haber sido escrito por el  guionista de Sharknado no hubiera sido suficiente y en un giro tan inesperado como dramático, Almunia propuso a Izquierda Unida, entonces liderada por Paco Frutos, un pacto electoral que tras muchas idas y venidas se quedó en un mero pacto programático, y que eso sí, fue presentado en el palacio de cristal de Madrid ante más de 3.000 personas mientras sonaba a todo trapo la banda sonora de  Novecento,  ya saben, la película de Bertolucci, nada menos.

Las cuentas que hicieron los sesudos analistas tanto del PSOE como de Izquierda Unida eran sencillas, si la izquierda ha superado a la derecha en más de 2 millones de votos en las anteriores elecciones, esta vez, al ir juntos, las cosas nos tienen que ir mejor, ¿no?

Pues no.

La realidad fue que la visualización del pacto movilizó  de forma abrumadora el voto  PP,  cuyos votantes acudieron en masa a los colegios electorales de forma reactiva, y por otro lado horrorizó  tanto a los votantes más moderados del PSOE, que perdió más de un millón de votos respecto a la anterior convocatoria electoral, como a los más levantiscos  de Izquierda Unida, ochocientos mil de los cuales, saltándose toda disciplina y sin encomendarse ni Santa Pasionaria ni a San Leonid Brézhnev, muy milagreros ambos, decidieron pasar ese domingo atendiendo a otras perentorias obligaciones.

El experimento terminó con una apabullante mayoría absoluta del PP de Aznar y con ambas izquierdas ingresadas en urgencias de traumatología preguntando por por la matrícula del camión que les acababa de pasar por encima, además de culpándose la una a la otra por la responsabilidad del fracaso. Una verdadera belleza.

Ahora, con un prodigioso salto en el tiempo, viajemos al año 2016, ya saben, el año del sorpasso que nunca se produjo, entre otras muchas y complejas razones porque Podemos, esta vez con el adobo de Izquierda unida, en lugar de sumar los dos electorados, lo que le hubiera situado por delante del PSOE, perdió más de un millón de votos respecto a las elecciones celebradas solo un año antes. Especialmente voto joven y urbano, que en esta ocasión prefirió quedarse en Lavapiés debatiendo con mucho provecho sobre el papel de los intelectuales en la formación del ejército rojo. O algo de eso.

Y es que cuando hablamos de elecciones, las matemáticas funcionan de forma diferente, y por mucho que nos esforcemos cuando tratamos de sumar 1+1, hay ocasiones en las que la cuenta nos sale a deber.

Me permitirán por tanto que vistos los antecedentes, me cuestione si de verdad una hipotética unión entre Partido Popular, Ciudadanos, Vox, y otras hierbas regionales de menor calado obtendría un mejor resultado que el que consiguieron concurriendo por separado en las pasadas elecciones, sobre todo si tenemos en cuenta que:

  1. Lo que en realidad le hace falta a la izquierda tras el fiasco de las negociaciones de la fallida investidura es encontrar algún elemento emocional que vuelva a llevar a sus cabreados votantes a las urnas, y parece que una derecha unida en “España Suma” se parecería bastante a ese elemento que menciono.
  2. Esa supuesta coalición, generaría un importante número de deserciones por sus extremos, permitiendo al PSOE nutrirse de incontables votantes centristas horrorizados ante la tesitura de tener que meter en la urna una papeleta contaminada con Abascales a caballo y Espinosas de permanente montería.

Por lo tanto, yo me tomaría con mucha distancia la supuesta eficiencia electoral del invento “España Suma”, a no ser que de lo que se trate es de que el PP rentabilice las negativas de Vox y Cs a formar parte del invento, concentrando en sus siglas el voto “por la unidad de la derecha” y sin pagar peaje alguno, que es de lo que me temo que va toda esta kermesse.