Opinion · Realpolitik

La campaña de la marmota (4): Vox y el milagro de las reliquias de Franco

El presidente de Vox, Santiago Abascal, al finalizar un acto público celebrado en el Palacio de Deportes de Granada. EFE/Pepe Torres
El presidente de Vox, Santiago Abascal, al finalizar un acto público celebrado en el Palacio de Deportes de Granada. EFE/Pepe Torres

Cuentan que el sangriento dictador Francisco Franco, como muchos desalmados de su especie, poseía un profundo sentimiento religioso inculcado por su madre allá en Ferrol, a quien Cerillita (así llamaban en su casa al futuro genocida) acompañaba solícito a cuantos rosarios, triduos y misas mayores acontecían en la ciudad y aldeas limítrofes. Y parece que con espartana disciplina y notable aprovechamiento.

Fruto de esta triste infancia y una vez auto-investido como caudillo-de-españa-por-la-gracia-de-dios, según rezaba en sellos, monedas y todo tipo de atrezzo propagandístico, el ya dictador se adueñó en 1936 del brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús, una reliquia muy apreciada entre los gourmets de la santa casquería por ser muy pero que muy milagrera.

Parece demostrado que de igual forma que ustedes no se olvidan de meter en la bolsa de la playa la toalla, las chanclas y el bronceador, nuestro ya generalísimo Cerillita del Ferrol  no salía de viaje sin la susodicha reliquia, a cuyos prodigiosos poderes achacaba todo tipo de beneficios, desde los militares hasta los  biliares pasando por los quinielísticos, razón por la que  no volvió al poder de sus legítimas dueñas, las monjitas del Carmelo de Ronda, hasta su muerte en 1975.

Y algo debió aprender nuestro Cerillita de la santa mojama en todos sus años de convivencia , porque nada más ser desenterrado lo primero que ha hecho es obrar un milagro, como lo oyen, y no un milagro menor de esos de panes y peces, no, una señora resurrección, la de un partido que sin su santo concurso (y la ayuda de unos chicos catalanes de buena familia con la extraña costumbre de quemar cosas y tirar piedras) iba a haber pasado sin pena ni gloria y que  ahora tiene serias posibilidades de convertirse en el 3º partido más votado en las próximas elecciones. Lo que les digo, un pedazo de milagro, un milagro de corral, un milagro con chorreras.

A aquellos que vieron claro que coreografiar una superproducción propagandística que bien pudiera haber sido producida por la UFA  y dirigida por  Leni Riefenstahl,  ocupando la programación de las televisiones y en las que no faltaron los vivaspañas y caralsoles de rigor  iba a  despertar el voto del miedo a la ultraderecha y consecuentemente se iba a convertir en una llamada a la participación de los decepcionados votantes de izquierdas hay que llevarlos inmediatamente al oculista.

El único efecto político real ha sido que el magno evento, retransmitido con más cámaras que una final de la Champion’s,  ha sido sacar de su letargo a  antiguos abstencionistas ultras felizmente desenganchados desde hace años de nuestro sistema democrático, y ahora llamados a las urnas para reparar la afrenta.

Porque, además, la ceremonia cósmica ni siquiera ha servido para que Vox reste excesivos votos al Partido Popular, que según indican las encuestas parece  que sigue en unos números similares al día anterior al magno evento, lo que nos deja una semana más tarde con PP y PSOE en números similares a los de hace siete días con la salvedad de que  Vox está a punto de entrar en bonus y de acariciar los 50 diputados  si efectivamente se convierte en 3º fuerza y se acerca al 14% de voto.

Por tanto, como ya sospechábamos (y escribí en este espacio la pasada semana) , el desentierro de las reliquias del sátrapa bajito y de voz aflautada solo ha conseguido permanecer en la agenda electoral poco más de 24 horas y no ha servido para ninguno de los fines para los que fue concebido y voy a repetirlo por si antes no me he explicado con suficiente claridad:  Ni ha hecho crecer a un PSOE que tras 24 horas de armisticio vuelve a situarse por debajo de la cota de 123 escaños que alcanzó en abril, ni ha hecho mella en un PP que tras 3 días en encefalograma plano parece que vuelve a remontar tímidamente.

Lo que nos deja donde estábamos al principio, en una campaña electoral plana, sin pulso, sin ritmo, sin ideas y sin actos, una campaña desangelada en la que los únicos temas en agenda provienen de la crisis catalana y no son precisamente favorables a los partidos de izquierda: unidad, patria, y orden público.

Y si alguien pensaba que el votante iba a agradecer con su voto al PSOE el haber sacado al dictador de su jacuzzi serrano, convendría recordarle que los ciudadanos no votan por agradecimiento, sino por expectativa.

Y hablando de ciudadanos, ¿Se imaginan una campaña en la que los políticos dejasen de hablar de sus propios problemas y hablasen de los problemas reales de la gente real?

Quiten, quiten, qué tontería.