Opinion · Realpolitik

La campaña de la marmota (y 5): De encuestas, viajes y alforjas

Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal. E.P.
Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal. E.P.

Hoy es el último día en el que se pueden publicar encuestas antes de las próximas elecciones.

Nuestra vetusta ley orgánica de régimen electoral, redactada en su mayor parte antes de que existiera internet y para un país muy diferente al actual, recoge varias disposiciones de difícil encaje con la España de 2019: Desde la paternalista jornada de reflexión (¿sobre qué se supone que debemos reflexionar?), el infame voto rogado para los residentes en el exterior, pasando por la ya mencionada prohibición de publicar encuestas en los 5 días previos a la votación hasta llegar la insólito porcentaje del presupuesto de campaña que puede gastarse en publicidad y propaganda. Un 20% por si les interesaba saberlo. No me pregunten de dónde sale ese 20% y por qué no es un 24% 0 un 18’5%, no conozco a nadie que conozca la respuesta.

Pero vayamos al tsunami demoscópico de la última semana: ¿Qué nos dicen las encuestas  acerca de las preferencias de los españoles en las próximas elecciones?

Pues nos dicen cosas muy interesantes:

En primer lugar que los ciudadanos están bastante cansados de ir a las urnas, razón por la que el número de abstencionistas va a aumentar entre 6 y 8 puntos, es decir, que entre millón y medio y dos millones de españoles que votaron en abril, no lo harán ahora.

En segundo lugar, las encuestas nos dicen que hay casi un 30% de ciudadanos que o bien no saben a qué partido van a votar, o bien no consideran oportuno decírselo al entrevistador, esos son los famosos indecisos.

En tercer lugar, nos cuentan que esos indecisos toman la decisión sobre a qué partido van a votar cada vez más tarde, muchos en las últimas 48 horas, algunos incluso el mismo día, y los más recalcitrantes incluso en la misma cabina del colegio electoral.

Muchas de las encuestas también nos hablan de cuáles consideran los ciudadanos que son los principales problemas de la patria, y nos dicen que en primer lugar está el desempleo, y en segunda posición aparecen los políticos. Y que no son especialmente optimistas con el futuro de nuestra economía.

Y además de todo esto, las encuestas nos dicen cuales son las preferencias de voto, que por resumir mucho y dejando fuera al CIS de Tezanos por razones evidentes, dibujan el siguiente escenario:

1.- La izquierda, baja.
La suma de PSOE, Podemos y Más País va a obtener un menor porcentaje del hemiciclo del congreso que la de PSOE y Podemos tras las elecciones del mes de abril.  Garantizado.

2.- La derecha, sube. ¡Y cómo sube!
Tras sus horrendos resultados del  mes de abril, el Partido Popular puede obtener entre 30 y 40 diputados más, situándose en torno a los 100. Pero si los populares crecen, la extrema derecha de Vox directamente se dispara aprovechando el conflicto en Cataluña y sobre todo subidos a lomos de la exhumación de Franco, un tema simbólico que gracias a su excelente cobertura televisiva  va a llevar al congreso de los diputados a cerca de 50 señores y señoras muy muy muy de derechas.

3.- El centro, se hunde.
Ciudadanos, el único partido que reclamaba para sí el centro político, tras ímprobos esfuerzos ha conseguido finalmente disputar al CDS de Adolfo Suárez el record al partido de más rápido hundimiento de nuestra historia democrática.

4.- Un parlamento inválido.
Si en la pasada legislatura la construcción de una mayoría de investidura era complicada políticamente, pero posible desde el punto de vista matemático(de hecho había múltiples posibilidades para el PSOE de construcción de una mayoría tanto a izquierda como a derecha  y a pesar de ello se malogró),  imagínense cómo será la cosa con una izquierda con menos escaños y un centro hundido.  Ya se lo adelanto, casi imposible.

Si suman ustedes mismos, verán que las posibilidades se reducen a dos: O bien un gobierno del PSOE con el apoyo en la investidura del PP (con la abstención parece que no sería suficiente), o bien un gobierno del PSOE con el apoyo de todos los nacionalismos e independentismos del país, desde los más templados hasta los más violentos, pasando por los meramente folklóricos.

En resumen, un carajal de tal calibre que hace que una segunda repetición electoral  no solo no sea descartable, sino que podría incluso comenzar a ser deseable para algunos.

Y una vez vista la situación, absolutamente previsible en el momento de las anteriores negociaciones de gobierno, unas cuantas preguntas inocentes:

– ¿Todavía hay alguien de PSOE o Podemos que piense que forzar  la repetición electoral fue una buena idea?

– ¿Todavía hay alguien que considere que puede sacar ventaja de esta situación?

 -¿Todavía hay alguien que crea que ha merecido la pena engordar artificialmente a la ultraderecha para obtener una supuesta ventaja táctica que ni siquiera se ha producido?

Para este viaje, queridos, no hacían falta alforjas.