Opinion · Realpolitik

Jugada maestra

El líder del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, con los militantes y simpatizantes socialistas en el exterior de la sede del partido, en la madrileña calle de Ferraz, tras las elecciones del 10-N. REUTERS/Sergio Perez
El líder del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, con los militantes y simpatizantes socialistas en el exterior de la sede del partido, en la madrileña calle de Ferraz, tras las elecciones del 10-N. REUTERS/Sergio Perez

¿Para qué se fuerza una repetición electoral cuando con 123 escaños puedes construir una mayoría sólida de gobierno tanto a tu izquierda como a tu derecha?

Solo hay una respuesta posible, para pegar una patada al tablero político, arrasar en las siguientes elecciones e imponer tu voluntad ante unos rivales humillados y disminuidos. Lo que se llama una jugada maestra.

Ese era el plan milimétricamente diseñado en Moncloa y ese fué el  el plato de alta cocina que entregó solícito el CIS de Tezanos tras el anuncio de la repetición electoral, una macroencuesta cuyo resultado era, oh sorpresa, un PSOE reforzado con 150 escaños y que podía pactar indistintamente con Ciudadanos o con Unidas podemos para construir una mayoría sólida de gobierno.

El plan tenía algunas dificultades menores, pero superables con audacia, ingenio y pericia:

La primera era cortar de raíz el crecimiento que comenzaba a mostrar el Partido Popular de Pablo Casado, para lo que se diseñó la Operación Caudillo, una coreografía digna de un musical de Broadway con la que se pretendía (y vaya si se consiguió) reforzar el voto de la formación nacionalpopulista liderada por Santiago Abascal a base de proporcionarles horas y más horas de televisión y mermar de esta forma las expectativas del Partido Popular.

La segunda consistía en crear una ilusión óptica para los votantes progresistas, un trampantojo que consistía en mostrar un PSOE a años luz de cualquier otra izquierda en las encuestas para conseguir trasvases de voto útil desde el partido de Pablo Iglesias.

La tercera era sortear como fuera posible el asuntillo catalán, ya saben, un problemita que incendió las calles de Barcelona y otras ciudades y en las que el truco consistía en hacer declaraciones altisonantes en Madrid mientras se trataba (creo que con buen criterio) de reconducir la situación callejera de forma gradual usando las fuerzas de seguridad.

Y la cuarta, era ni más ni menos que hacer la campaña electoral desde la Moncloa, rodeado por los oropeles presidenciales, y no desde Ferraz, algo que soliviantó incluso a la dócil Junta Electoral.

Como ven, una cosita sencilla.

El resultado de la jugada maestra lo tenemos ante nuestras narices tras las elecciones, a saber:

  • El PSOE pierde la friolera de 800.000 votos y 3 diputados desde las elecciones de abril y la mayoría absoluta en el senado.
  • El PP gana 600.000 votos y 21 escaños, recortando dramáticamente la distancia con el PSOE.
  • La ultraderecha se convierte en la tercera fuerza en el congreso. Si amigos, la brillante estrategia de dar de comer al Kraken nacionalpopulista ha significado que haya crecido casi un millón de votos y 28 escaños.
  • Los partidos independentistas catalanes crecen en votos y escaños, de tal suerte que incluso entrarán en el parlamento dos diputados de la CUP.
  • Con un parlamento más fragmentado, conseguir un gobierno coherente y estable será más dificil, ya que el descalabro de Cs ( ya hablaremos de eso otro día) y el crecimiento de vox impiden un gobierno con el partido de Rivera y cualquier abstención patriótica de Casado respectivamente. Justicia poética, en cierto modo.
  • Unidas Podemos, humillado y vilipendiado en la anterior negociación, se convierte en el único socio posible, y esta vez va a poder exigir lo que le venga en gana, desde una vicepresidencia y 5 ministerios hasta el nombramiento de Iglesias como virrey de las indias orientales.
  • Con Unidas Podemos no basta para asegurar una investidura, harán falta los votos y las abstenciones de partidos nacionalistas… e independentistas. Ya saben esos con los que Sánchez no quería pactar. La supuesta causa última de la repetición electoral.

Lo que les decía, toda una jugada maestra.