Opinion · Realpolitik

Ni táctica ni estrategia

El presidente del Gobierno español en funciones, el socialista Pedro Sánchez, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, durante la firma en el Congreso de los Diputados de un acuerdo para la formación de un Ejecutivo de coalición. EFE/Paco Campos
El presidente del Gobierno español en funciones, el socialista Pedro Sánchez, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, durante la firma en el Congreso de los Diputados de un acuerdo para la formación de un Ejecutivo de coalición. EFE/Paco Campos

A alguno de ustedes seguro que le va a sorprender, pero quien mejor ha explicado la diferencia entre táctica y estrategia no fue ni un canciller  prusiano de florido mostacho ni un coach norteamericano en una charla supuestamente motivadora y sin demasiada sustancia de esas que dan los coaches norteamericanos.

El mejor texto sobre táctica y estrategia lo escribió en castellano un poeta uruguayo de nombre Mario y de apellido Benedetti, les recomiendo que lo lean, me lo van a agradecer, aquí les dejo un pequeño adelanto sin gastos a su cargo.

Mi táctica es mirarte,
aprender como sos,
quererte como sos.
Mi táctica es hablarte
y escucharte,
construir con palabras
un puente indestructible.

Y les hablo de esto porque desde que supimos los resultado de las pasadas elecciones, la palabra Estrategia, una palabra grande, de peso, consistente, una palabra que hay que escribir necesariamente comenzando con una “E” mayúscula ha aparecido en muchos medios, tertulias y artículos de opinión relacionada con los regates en corto de diversos líderes políticos con el muy loable fin de salvar sus propios traseros tras no cumplir con sus expectativas electorales.

Miren, forzar una repetición electoral para terminar perdiendo 700.000 votos además de favorecer  el crecimiento de del nacionalpopulismo  no es estrategia, sino más bien un desastre olímpico.

Fijar la agenda de campaña de un partido de izquierdas en temas clave de los partidos conservadores no es estrategia, sino más bien un suicidio político en fascículos coleccionables.

Tratar de cambiar esa agenda a una semana de acudir a las urnas y en pleno ataque de pánico tras constatar que sorprendentemente el orden público y la bandera no motivaba en absoluto a tus votantes progresistas no es estrategia, son ganas de ingresar en la unidad de quemados del hospital más cercano.

Y sobre todo, pactar una coalición de gobierno en 48 horas con el partido con el que dijiste que jamás ibas a pactar y a cuyo líder llevas insultando un par de meses, puede ser un buen ejemplo de realpolitik, pero nunca puede ser vendido como estratégico.

Porque miren, por muchas ganas que le echemos a esto de tener por fin un gobierno, que la cosa se apoye en un documento  de dos folios digno de un estudiante de secundaria no demasiado aventajado y redactado de forma tan generalista y vacua que podría ser firmado por todo el arco parlamentario, PP incluído, muestra que en realidad no estamos ante una genialidad estratégica, sino siendo  muy generosos, ante un acuerdo táctico  realizado a toda velocidad con el único fin de asegurar la mutua salvación de dos líderes que salieron muy tocados de las elecciones como son Sánchez e Iglesias.

Un acuerdo, por cierto, que no fue posible cuando de él dependía exclusivamente el futuro del país y que ahora se ha demostrado sencillo y asequible cuando lo que comenzaba a estar en juego era la propia integridad política de los dos líderes abajofirmantes.

Queda mucho tiempo para que podamos analizar lo que va dando de si la negociación de la investidura y la formación del gabinete, pero si me gustaría llamar su atención sobre tres elementos que van a ser clave en los próximos tiempos.

  1. Sobre la Investidura: El éxito de una investidura cuando un partido no dispone de mayoría suficiente para conseguirlo por sus medios es inversamente proporcional al número de formaciones políticas cuyo voto se necesite.
  2. Sobre el coste de la investidura: El coste de cada voto a favor de  una investidura comienza en cero y va tendiendo a infinito a medida que se va acercando el momento de la votación y aún te falta algún voto para conseguir el número mágico de votos a favor.
  3. La duración de un gobierno de coalición entre dos partidos que compiten por el mismo electorado es más baja que las de gobiernos que complementan sus electorados; la razón es simple: los incentivos para romper el gobierno mediante cualquier excusa plausible son enormes.

Y si siguen teniendo dudas para categorizar alguna cosa dentro de la táctica o de la estrategia, ya saben, lean a Don Mario Benedetti.

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.