Opinion · Realpolitik

Los tres mensajes del nuevo Gobierno Sánchez

El rey Felipe VI, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y los vicepresidentes del Gobierno Carmen Calvo y Pablo Iglesias, entre otros, durante el acto de toma de posesión del nuevo Ejecutivo en el Palacio de la Zarzuela. EFE/Chema Moya
El rey Felipe VI, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y los vicepresidentes del Gobierno Carmen Calvo y Pablo Iglesias, entre otros, durante el acto de toma de posesión del nuevo Ejecutivo en el Palacio de la Zarzuela. EFE/Chema Moya

Mucho se ha hablado del proceso distópico de investidura de Sánchez, de sus opacas negociaciones con el independentismo para llegar a la Moncloa o de la imposible troupe de apoyos que tendrá que convocar para sacar adelante su agenda legislativa  si es que tal cosa existe y su agenda de gobierno en el caso de que alguna de las medidas de su programa electoral haya sobrevivido al último y dramático volantazo político que le ha llevado desde una campaña electoral que comenzó embutido en la bandera española y ha terminado cantando el “virulai”.

Tiempo habrá de comprobar hacia dónde cojea este primer ejecutivo de coalición que mucho me temo no va a disponer siquiera de los clásicos cien días de gracia por parte de una oposición mediática más proclive al garrotazo en las costillas que a al bisturí.

Lo que parece claro es que vista la composición del gobierno, quien ha aprendido de sus pasados errores es Sánchez, que en muy poco tiempo ha pasado de construir un gobierno bonito lleno de figuras mediáticas pero con escasa experiencia política y nulo conocimiento de la administración pública a otro lleno de ministros de perfil político rocoso y además acompañados por otros de perfil técnico y administrativo solvente.

Si estuviéramos hablando de fútbol, que es como mejor se entienden estas cosas, Sánchez ha pasado de montar un equipo lleno de extremos pintureros y delanteros gambeteadores a otro lleno de centrocampistas cancheros y defensas con espolones.

Un gobierno que en esta ocasión no está construido como un cartel electoral para unas elecciones cercanas, sino para atornillar una gestión que agote una legislatura de cuatro años sin demasiados sustos.

Un gobierno que ya no quiere parecerse a la naranja mecánica de Cruyff, sino a su rival histórico, la mannschaft alemana de Franz Beckenbauer y Uli Stielike, un equipo sin excesivas florituras, pero capaz de aguantar el partido a base de cometer faltas tácticas en el centro del campo y esperar al minuto 90 para pillarte al contraataque y ganarte la final con un gol feo.

Y de hacerte lo mismo en la final del siguiente mundial.

Este nuevo Sánchez alemanizado, ha esperado a que Podemos nombre a las carreras a sus ministros, ha observado el perfil de los mismos y ha sacado una alineación que manda tres mensajes inequívocos.

El primero, diluyendo a Pablo Iglesias entre otras tres vicepresidencias, que quien manda es él, y que Iglesias no solamente no es el co-presidente, sino que va a tener complicado sacar la cabeza entre tanta vicepresidenta socialista.

El segundo, que la principal misión de este Gobierno va a ser impedir que Podemos consiga rentabilizar su presencia en el Ejecutivo utilizando todas las herramientas que tiene a su favor,  y quizás la principal es la bisoñez podemita y su enternecedor desconocimiento de la administración pública de nuestro país.

Y el tercero, que estamos ante un Gobierno con vocación de aguantar como sea cuatro años en las instituciones agotando la legislatura.

En definitiva y volviendo al fútbol, una clara combinación germanófila de la clásica estrategia de achique de espacios respecto a sus socios de Podemos combinada con una asfixiante presión en todo el campo respecto a la oposición del PP.

Decía Gary Lineker que “el fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan 11 contra 11 y siempre gana Alemania”, ya veremos si a esta nueva mannschaft de Sánchez le dan las piernas para jugar a la alemana los 90 minutos del partido y la prórroga.