Realpolitik

Mr. Ábalos: It's not the crime… it’s the cover up

El ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, atiende a los medios. EFE/Cabalar
El ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, atiende a los medios. EFE/Cabalar

Una de las frases que mejor resume todo lo relacionado con el caso Watergate y la posterior dimisión del presidente Nixon es la famosa "It's not the crime… it’s the cover up" que vendría a ser algo así como "No es el delito, sino el encubrimiento".

La frase se refiere a que el gran problema que llevó a Nixon a dimitir de su cargo no fueron los gravísimos hechos sucedidos en el caso Watergate, recuerden, una operación de espionaje de la oposición demócrata, sino todas sus maniobras para encubrir los mismos.

Poco tiene que ver la gravedad del espionaje del principal partido opositor perpetrado por el equipo de Richard Nixon con el chusco episodio de la reunión/no reunión/vaya usted a saber entre el número 2 del PSOE con la representante de la dictadura venezolana, pero comparten un principio político básico: En política, si no puedes explicarlo, no lo hagas.

No voy a entrar en si es pertinente políticamente que el número 2 del PSOE se reúna en el aeropuerto de Barajas con la número 2 de la dictadura venezolana, una señora que tiene prohibida la entrada a la mayoría de países serios del mundo (incluido el nuestro), y que además lo haga a escondidas pretendiendo secreto, sino en el proceso que puede llevar a un político con espolones como es el señor Ábalos a actuar como el Coyote de los dibujos animados, es decir, cometiendo un error dramático tras otro mientras persigue al correcaminos.

Vayamos al primer elemento desconcertante: ¿Alguien puede, en pleno año 2020, pensar que es posible mantener secreta una reunión de la que quedan varios registros públicos?

¿Alguien puede, tras la eclosión de los smartphones y las redes sociales, creer que es posible transitar un lugar público sin que quede noticia de su paso?

La imagen del señor Ábalos recorriendo embozado los pasillos de Barajas produce confusión y desasosiego.

Segundo elemento perturbador: Te han pillado, ya es público que te reuniste con esta señora y los medios de comunicación comienzan a llamar para confirmar si es cierto.

¿Reúnes a tu equipo político y al de comunicación y trazáis una estrategia de gestión de crisis? No, crees que es algo menor, te enrocas y mientes a los medios. A partir de este momento lo importante no es que te hayas reunido con esa señora, con Idi Amín o con el mismísimo Darth Vader, eso pasa a segundo plano. Has mentido en el ejercicio de tu cargo. Eso es lo relevante.

Tercer momento dramático ¿Se termina la cosa aquí? Por supuesto que no, como ves que la historia no se sostiene y hay pruebas fehacientes de que la reunión existió, sigues sin llamar a los profesionales de tu entorno y pasas de la mentira a la mentirijilla (fui a buscar a un amigo al aeropuerto).

¿Mejora eso las cosas? Ni por asomo, ahora ya hay en la prensa dos declaraciones diferentes sobre lo que pasó, y ninguna es cierta.

Cuarto momento caótico: ¡Viva España!

En vista de que no tienes otro remedio convocas, esta vez sí, a tu entorno, y te ayudan a trazar un plan bastante mediocre en el que (por fin) te obligan a tragar el sapo de que has mentido reiteradamente, pero que... ha sido una mentira patriótica.

Lo has hecho por España, por evitar un conflicto diplomático, por la patria, por la mano incorrupta de Santa Teresa, por la espada de Don Pelayo… ¡Por el Cid!

Y además, sales a defender esta versión con torería, mostrando el pecho al morlaco y desafiando al tendido.

A estas alturas del cuento, ya nadie se acuerda de si era una reunión con el muñeco diabólico, una kermesse parisina o un paseo en elefante con el Aga Khan, el hecho es que por no identificar y enfocar correctamente una crisis política de manual que debía haber sido atajada de forma profesional y seria, has metido a tu partido y a tu gobierno en su primera crisis de enjundia, mostrando además la escasa elasticidad de tus apoyos políticos.

Y termino como comencé, ya en el año 1973, un Nixon ya visiblemente acorralado por su estrategia de encubrimiento del Watergate compareció ante los medios de comunicación y pronunció una de sus más famosas frases: "people have got to know whether or not their President is a crook. Well, I’m not a crook" (la gente tiene que saber si su presidente es o no es un ladrón. Bien, yo no soy un ladrón"

Pocos meses después comenzó su proceso de destitución en el que la acusación política nunca fue el escándalo Watergate, sino la implicación directa del presidente en una conspiración para encubrir la verdad.

Y eso que a  Nixon no le pillaron mintiendo!

Otro día, si quieren hablamos de lo pertinente de convertir la terminal de estado de Barajas en una piscina de bolas para el deleite y esparcimiento de dictadores bananeros, que también tiene su cosa.