Realpolitik

Los 3 ‘match-balls’ de Inés Arrimadas

La portavoz parlamentaria de Cs, Inés Arrimadas, a su llegada a una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados. EFE/Emilio Naranjo
La portavoz parlamentaria de Cs, Inés Arrimadas, a su llegada a una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados. EFE/Emilio Naranjo

Olvídense de relatos, marcos,  desbordes y sortilegios de aprendices de brujo con la L de prácticas colgando la trasera de su escoba , la razón fundamental de que a pesar del batacazo del PSOE en las últimas elecciones (recuerden, 700.000 votos menos que en las celebradas escasos meses antes) no tengamos una derecha gobernante en España es su estúpida división en tres bloques, seguida por los quintales de  esteroides inyectados por producciones pirotécnicas Moncloa S.A a Vox a base de saturar las televisiones de la heróica inhumación de Franco, Franco, Franco.

Pero no se preocupen, ya que a falta de políticas sustantivas de progreso (para las que haría falta consenso, una palabra que en estos tiempos de extremos no se sabe ni deletrear) si algo va a aportar a nuestro país estos próximos cuatro años de gobierno de la izquierda, es una colosal oportunidad para que la derecha (o más bien, el centro derecha) ordene el tráfico de camiones pesados por su autovía.

Olvidémonos, por tanto, al menos hoy, de la orilla izquierda del río Pecos, y pongamos la lupa sobre la derecha. ¿Qué nos encontramos?

Pues, para empezar, a un Partido Popular que si somos capaces de pasar por alto errores tácticos como el del PIN parental, parece transitar desde la última campaña electoral el camino hacia el centro político, recuperando cierto tono moderado e introduciendo en su agenda temas que pueden unir a un importante número de españoles tras ellos en lugar de dividirlos.

Vox sigue haciendo lo que se espera de ellos, montando numeritos que sirven básicamente para cohesionar y conseguir paladas votos al independentismo y a la izquierda menos moderada. Y por lo que se ve, cada vez están más cómodos en su chispeante papel de aliados imprescindibles de Puigdemont, Junqueras e Iglesias, habiéndose convertido ya en el báculo más eficiente para que esta triada mande como manda hoy en el gobierno de España.

Y Ciudadanos, pues bueno, siguen empeñados en desaparecer del mapa político español a marchas forzadas, de tal suerte que cada nueva intervención de Arrimadas en las televisiones solo sirve enterrarles aún más en el vacío.

Y dados estos mimbres, ¿Qué podemos esperar de los próximos meses? Pues miren, si echamos un vistazo al calendario político electoral de 2020, lo que llama la atención son las tres elecciones autonómicas que se van a celebrar en el mismo, tres verdaderos retos para el resto de los partidos, que en el caso de Cs pueden convertirse en match-balls.

El primer match-ball lo tendrá en las elecciones catalanas, en las que Arrimadas viene de ser la candidata más votada y en las que ni siquiera el fanático más enloquecido de Cs les da opciones de siquiera acercarse a tales resultados.

Los otros dos match-balls se producirán en Euskadi y en Galicia, seguramente en otoño, dos territorios muy poco propicios históricamente para sus intereses, y en los que ni una sola encuesta les otorga representación parlamentaria.

Pero fíjense, y esto es lo maravilloso de la política, Inés Arrimadas, en el momento de mayor debilidad política de Cs, tiene una oportunidad histórica para conseguir lo que nunca alcanzó Albert Rivera, esto es , convertirse en una pieza fundamental para el cambio político en España, un cambio que además aleje al nacionalpopulismo y al independentismo del poder, y puede hacerlo con un supremo acto de generosidad, sacrificando sus propias siglas; diluyéndolas en las próximas elecciones catalanas en una plataforma que aporte espacio a todo el no-nacionalismo , y formando parte de las listas del PP en Euskadi y Galicia.

En política hay ocasiones en las que es necesario sacrificar las propias siglas para poder mantener vivas las ideas que las alumbraron, y me temo que esta es la situación a la que se va a enfrentar Inés Arrimadas este año 2020, el año en el que va a tener que elegir entre mantener vivo su logotipo o resucitar el espíritu liberal con el que nació Ciudadanos. Ambas cosas van a ser incompatibles.

Si el centroderecha quiere ser competitivo dentro de cuatro años, su reto es reducir el ruido permanente que llega a la ciudadanía y eso va a pasar necesariamente construir candidaturas con posibilidades de éxito en las 3 nacionalidades históricas que van a elecciones este año. Candidaturas inequívocamente que aíslen al nacionalpopulismo iliberal de Vox.

Candidaturas que cristalicen a medio plazo en un centroderecha liberal bajo las mismas siglas y con una sola voz.

Porque si en algo coinciden las últimas encuestas es que vamos conociendo desde las pasadas elecciones es que mientras los extremos cuentan con amplia representación, cada vez hay más espacio político en la moderación. Una verdadera autopista de 9 carriles en cada sentido de millones de españoles que se sumarían gustosos en una verdadera revolución moderada a la que Arrimadas puede contribuir si actúa con cabeza.