Realpolitik

Pandemia global: el algoritmo de Troya

Un anuncio que aconseja a las personas ser responsables y quedarse en casa en la casi vacía calle de Preciados de Madrid, una de las vías más comerciales de la capital. REUTERS / Sergio Perez
Un anuncio que aconseja a las personas ser responsables y quedarse en casa en la casi vacía calle de Preciados de Madrid, una de las vías más comerciales de la capital. REUTERS / Sergio Perez

Una semana después de que haya comenzado en España nuestro confinamiento, creo que es necesario comenzar a hacerse una pregunta

¿Puede un Gobierno utilizar cualquier medio, incluso aquello como algoritmos, Inteligencia Artificial o apps de control social que invaden nuestra privacidad y libertad para luchar contra una pandemia global como la que sufrimos?

La respuesta  no es igual en todos los países,  los distintos gobiernos del mundo están poniendo en marcha estrategias diferentes; desde las medidas militares de control en China apoyadas en su ultrainvasivo ecosistema de Inteligencia Artificial basado en algoritmos de identificación, evaluación, y puntuación a sus ciudadanos, hasta la app coreana habilitada para geolocalizar a los habitantes de esta península asiática y facilitar su información de sus círculos sociales al estado, las desconocidas pero eficaces medidas de targeting de riesgos  de Israel, o las más analógicas y menos invasivas desde el punto de vista de la privacidad, y presuntamente (ahora entraremos en eso) menos eficaces medidas puestas en funcionamiento por las democracias europeas.

El desarrollo tecnológico de los últimos veinte años, apoyado en Internet y acelerado por el abaratamiento de los costes de desarrollo, especialmente en países escasos de libertades y abundantes en población, ha producido un efecto paradójico en nuestro planeta, ya que mientras en las democracias occidentales empoderaba minorías haciendo que sus problemas se visualizasen y aceleraba reivindicaciones y cambios, en los países más autoritarios, lejos de ser un disparador democrático, se convertía en un aliado de gobiernos y autócratas de todo pelaje tanto en su afán para vigilar y controlar a sus ciudadanos, como en la permanente labor de poner palos en las ruedas de las democracias mediante la ciberguerra o la intervención más o menos directa en sus procesos electorales.

Prestigiosos filósofos y tecnólogos como Byung-Chul Han y Evgeny Morozov  han venido avisando desde hace largo tiempo sobre la ventaja que estaban tomando estos estados-algorítmicos cargados de esteroides tecnológicos no solo en la ya casi impensable evolución de sus países hacia modelos democráticos, sino incluso sobre su influencia para un retroceso autoritario de democracias poco asentadas, como hemos podido ver esta misma semana en Hungría, donde Orban ha cerrado el parlamento y se ha otorgado poderes imperiales hasta finales de este año por decreto.

La pandemia del coronavirus, de esta forma, estaría actuando como un verdadero caballo de troya, un algoritmo troyano, viral e invasivo que aprovechando las supuestas "vulnerabilidades democráticas" de nuestros países para mostrarnos que esos estados algorítmicos, ya pertenezcan al grupo del nacionalpopulismo o al del capitalismo de vigilancia, ambos escasamente respetuosos con nuestra privacidad y nuestras libertades son más eficientes a la hora de resolver este tipo de crisis.

Pero afortunadamente, esta crisis también nos está mostrando otra realidad, una en cual los científicos de muchos países democráticos (véase el caso alemán o los países nórdicos) están sabiendo utilizar estas herramientas tecnológicas, inteligencia artificial incluida para frenar al virus mientras son absolutamente escrupulosos con la privacidad de sus ciudadanos.

Una realidad absolutamente obstinada que nos está mostrando a las claras que el estrecho marco del estado-nación se ha quedado pequeño para combatir contra este tipo de amenazas globales y en la que si algo estamos echando de menos son más mecanismos de cooperación global (como la OMS, que está mostrando su alto valor en esta crisis) y por supuesto de gobernanza internacional, un espacio en el que el naufragio de la Unión Europea está siendo épico.

Dos modelos, uno invasivo, basado en la tecnología de la autoridad y el control y otro democrático, basado en la tecnología de la cooperación, en nuestras capacidades como individuos miembros de sociedades libres.

Y después de todo esto, vuelvo a hacerles la misma pregunta que les hice al principio:

¿Puede un gobierno utilizar cualquier medio, incluso aquello como algoritmos, Inteligencia Artificial o apps de control social que invaden nuestra privacidad y libertad para luchar contra una pandemia global como la que sufrimos?

De la respuesta que demos va a depender el modelo de sociedad en el que vivirán las próximas generaciones y las libertades que van a disfrutar sus hijos y nietos.

@cesarcalderon