Realpolitik

La tercera ola: Pandemia democrática

Personas con mascarilla paseando por el distrito comercial de Seúl (Corea del Sur). REUTERS/Heo Ran
Personas con mascarilla paseando por el distrito comercial de Seúl (Corea del Sur). REUTERS/Heo Ran

Si has nacido al lado de la mar como es mi caso, en Bermeo concretamente, y de padre marino para más inri, hay cosas que sabes sin que nadie tenga que explicártelas, son conocimientos que se aprehenden casi por osmosis paseando por el puerto viejo, mientras oyes hablar a las cuadrillas de pescadores jubilados en la Lamera o cuando ya avanzado el verano, consigues meterte en el cantábrico después de pasar la mañana en la playa de Aritzatxu.

Así, sin saber muy bien cómo, sabes que en las tardes muy calurosas del final del verano conviene estar atento por si se desata una galerna, o que la anchoa llega al puerto en primavera, o que las olas viajan hacia a la costa en series de tres, y que la más grande y destructiva siempre es la tercera.

Hasta ahora en esta crisis global que nos asola, hemos podido ver como llegaba la primera ola, la pandemia sanitaria, que ya está dejando miles de muertos y centenares de miles de infectados sacando además  los colores tanto a incontables líderes políticos como a los sistemas sanitarios de todo el mundo. Y por encima de todos ellos,  a los organismos financieros internacionales que llevaban años recomendando drásticos recortes en lo público, sanidad incluida.

También podemos ya saber que tras esta primera ola que está poniendo a prueba las defensas de nuestro estado del bienestar viene la segunda ola: la pandemia económica.

Esta segunda ola, ya casi podemos verla desde el puerto, no es tan espectacular como la que acaba de chocar contra la costa, no dará siquiera ni para que salgamos al balcón a aplaudir a nadie, pero se llevará según los expertos entre un 4% y un 10% (o incluso más) de nuestro PIB, esto es, dejará a nuestro país con más de cinco millones de parados y prácticamente estancado de tal forma que casi recordaremos la crisis de 2008 como si hubiéramos vivido en pleno esplendor consumista, haciendo que la recuperación de nuestro actual nivel de vida pueda tardar muchos años en consumarse… si se llega a consumar.

Pero de la que no se está hablando de la tercera ola: la crisis democrática, una ola de dimensiones colosales que ya está comenzando a crecer y que impactará sobre países cuyos rompeolas ya han sido destrozados por las dos primeras y que por tanto va a impactar directamente sobre las vidas de millones de personas en todo el globo.

Excelentes pensadores a quienes respeto y admiro como Daniel Innerarity o Steve Pinker creen que los nacionalpopulismos van camino de ser barridos del planeta por esta crisis, yo no soy tan optimista.

Está calando en nuestras sociedades un mensaje falso y que además es nocivo, y peligroso. Una narrativa venenosa que viene a decir que los países que mejor han reaccionado ante esta crisis no son precisamente aquellos en los que vivimos en democracias plenas, sino los países tecno-autoritarios.

Por un lado y atizando su caldera propagandística está China, el país donde se originó el virus y que ahora quiere presentarse como el gran campeón de la hermandad entre los pueblos y de la colaboración internacional, tratando de hacernos olvidar que es una dictadura en la que no se respetan los derechos humanos y en la que conceptos como libertad o privacidad no forman parte de su idioma. Un país que ha sustituido el control ideológico por el control tecnológico gracias a aplicaciones de Inteligencia Artificial darwinistas que sin pasar por un juez y atendiendo a los comportamientos aparentes pueden acabar con la vida, la hacienda, la libertad y la reputación de sus ciudadanos.

Por otro, lado sin llegar al tecno-autoritarismo pero cerca del mismo están países como Corea del Sur, un estado en guerra con su vecino del norte desde hace décadas que se ha convertido en la definición perfecta del estado algorítmico.

Un estado que si, tienen elecciones libres, pero que en su funcionamiento diario ejerce un férreo control tecno-algorítmico de su población invadiendo permanentemente su privacidad y su libertad mediante apps invasivas como la que usaron para combatir el virus.

Miren, a pesar de las peleas en la Unión Europea, norte contra sur, ricos contra menos ricos, no debe cabernos la menor duda, las democracias tardan más en reaccionar a este tipo de crisis globales, pero cuando lo hacen, el resultado es indiscutiblemente mejor.

Atentos pues a esta tercera ola, que ya viene y amenaza con llevarse por delante las libertades que tanta sangre han costado en nuestros países.

@cesarcalderon