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Ojú

DALE LA VUELTA AL MUNDO // JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ

* Responsable de Justicia Económica de Intermón Oxfam

El poeta José Hierro describía la condena que sufrían los presos políticos andaluces en las cárceles franquistas del norte de España con estos versos:

Decían: "Ojú, que frío"; no "qué espantoso, tremendo, injusto, inhumano frío".

Cuando terminé de escuchar el discurso del Presidente del Gobierno esta tarde en Copenhague dije solamente "Ojú". Aunque lo que pensaba es "qué evasivo, etéreo, lírico y decepcionante discurso". Será mejor que me explique empezando por el principio.

El día ha sido frenético. Por las restricciones de acceso a las ONG, hoy sólo estaban dos personas del equipo de Oxfam dentro del centro de convenciones. El resto estábamos siguiendo los discursos, las ruedas de prensa, la información que nos llegaba de los distintos contactos sobre la marcha de las negociaciones. En cualquier momento podía confirmarse un colapso de la cumbre o el desatasco definitivo. Los rumores se aceleran a medida que la llegada de líderes está propiciando reuniones bilaterales, encuentro de países clave…Todo esto pasa por detrás de los discursos oficiales, que se suceden uno tras otro en la sala de plenarios.

Por la mañana un interesante gesto hacía albergar esperanzas de que algo empezaba a moverse: Hillary Clinton hablaba por primera vez de una cifra de financiación a medio plazo. Asumía que son necesarios 100.000 millones de dólares anuales en 2020. Es la mitad de lo que pedimos, pero ¿sería un paso para desatascar el proceso? Faltaba ver cómo respondían otros actores. Podía ser que comenzara la escalada de compromisos.

De entre los actores relevantes que debían intervenir, me interesaba especialmente el país que en dos semanas va a asumir la presidencia de la UE. Y que por lo tanto va a tener un papel fundamental en la gestión del resultado de esta cumbre. Sea el que sea. Sus palabras podían marcar una importante diferencia. ¿Qué diría Zapatero?

Pues ha sido un discurso lleno de declaraciones políticas, de reconocimiento de la dimensión del problema, llamadas a la responsabilidad y hasta de poesía, pero sin consistencia con las propuestas. Y lo que hace falta ahora nos es insistir en que tenemos un problema, sino en ofrecer compromisos de solución a los que lo sufren. (http://www.la-moncloa.es/Presidente/Intervenciones/Discursos/prdi20091217.htm)

Ha comenzado diciendo que los ecologistas tenían razón y estamos sufriendo un cambio climático peligroso provocado por la actividad humana. Pero la respuesta a este reconocimiento ha sido recordar el límite máximo del compromiso europeo en reducción de emisiones para 2020. Ni se asoma a ser más ambicioso, a sugerir que es el momento de que todos avancen, y que para eso, la UE debe moverse en los límites altos de su compromiso. No como un máximo, sino como un mínimo. Simplemente porque es lo que los científicos a los que invoca señalan que hace falta.

Una parte extensa de su discurso ha ido una loa sobre el desarrollo basándose en las energías limpias, señalando que son las que podrán democratizar el acceso de los pobres a la energía. Por supuesto. Pero luego no hace ni una mención a los objetivos de financiación a medio plazo para lograrlo. Justo tras la declaración de Clinton era el momento de, insistir en las cifras que aprobó hace un mes el Consejo europeo (100.000 millones, pero de euros). O incluso ir más allá. Pero nada. Vamos que apostamos por la energía eólica en África, pero a ver quién la financia.

Pero aún más sorprendente ha sido que haya declarado que los Objetivos de Desarrollo del Milenio son la prioridad de la política exterior española, y que deben ser la prioridad mundial, pero no haya dicho ni una palabra sobre la petición de que el acuerdo recoja que los fondos para que los pobres de adapten al cambio climático sean adicionales a los compromisos de llegar al 0’7%. No se puede dejar de financiar las escuelas que se necesitan para pagar las defensas para las inundaciones.

Así, el Presidente ha retado con claridad a China y EEUU para que asuman sus responsabilidades y avancen en sus compromisos, pero lo cierto es que Zapatero ha dejado pasar una oportunidad de oro para mostrarse como un líder ambicioso y capaz de retar las posiciones de otros y superar los puntos muertos.

Su discurso ha terminado poéticamente: "la Tierra no pertenece a nadie, salvo al viento". Ojú.