La ciencia es la única noticia

¡Son las ciencias, señores!

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla

Los partidos políticos se han decidido a pactar por la educación. Es inaudito que las grandes conquistas sociales y de todo tipo que nos ha traído la democracia se hayan reflejado de manera tímida y harto discutible en la instrucción pública (bella formulación republicana de la educación). Deleita leer que los socialistas van a transigir en su supuesto progresismo educativo y que los populares no se encastillarán en valores trasnochados. Las discusiones parece que empiezan por esos extremos, pero, a diferencia de otras ocasiones, se avanza. Los asuntos siguientes agitan las negociaciones.

La garantía de igualdad de oportunidades es equilibrar a la baja. Los inmigrantes tienen derecho a todo, pero no en los colegios concertados. El tremendo abandono escolar no es culpa nuestra. La Educación para la Ciudadanía no se toca. O se toca o nos vamos. Hay que reducir la educación común y los torpes para eso tienen la FP, si no aquí no progresa nadie. La enseñanza se ha de basar en la confianza de los alumnos con el profesor. Las tarimas se vuelven a instalar, todo el mundo se levanta al entrar el profesor y los crucifijos ni se tocan. El castellano hay que garantizarlo. El catalán, el vasco y el gallego hay que garantizarlos. Los itinerarios… De lo que se tiene poca noticia es de si se desea recuperar el número de horas de clase dedicado a las ciencias. Y, parodiando a Bill Clinton cuando espetaba "¡es la economía, estúpidos!", yo alertaría con más respeto a los negociadores del pacto con el título de esta columna.

La facilidad ayudada por el esfuerzo para entender las ciencias es discriminador entre los chavales, qué duda cabe. Y aún más las matemáticas, si encima se jalea que no entenderlas tiene su gracia. Pero consten dos cosas: primera, que las únicas discriminaciones no admisibles son las que marca la Constitución, en particular las relacionadas con el dinero y el género; segunda, que un chaval sea bueno en ciencias casi nunca le ha supuesto, ni tiene por qué, más oportunidades en la vida. O sea, que quien se la juega con el abandono de las ciencias en las escuelas e institutos es el país, no los estudiantes. Y se están abandonando, porque hasta a los buenos alumnos, conscientes de sus inmensas carencias, les asusta matricularse en las facultades científicas y en las escuelas de ingenieros, que se desertizan de manera alarmante. Cuando a los políticos se les llene la boca de ciencia, tecnología, I+D+i y futuro, que sepan que tendremos que contratar jóvenes científicos de países emergentes, muchos de los cuales hace mucho tiempo que se han dado cuenta de lo que aquí se sostiene.