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El inconsciente y lo inconsciente

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Llevo más de medio siglo escribiendo a máquina. De mi primera Olivetti a mis ordenadores actuales, las máquinas han cambiado mucho, pero los teclados siguen siendo prácticamente iguales y, aunque nunca estudié mecanografía, la larga práctica hace que mis dedos encuentren las teclas de forma instantánea y sin ayuda de los ojos. Pero si tuviera que dibujar el teclado o recitar las letras por el orden en que aparecen en él, las vacilaciones y los errores serían continuos (lo digo en condicional, pero en realidad me consta que es así porque he hecho la prueba, e invito a los lectores a intentarlo). En mi mente está grabado el teclado con la suficiente precisión como para manejarlo a ciegas; pero mi conciencia no tiene acceso directo e inmediato a esa información que he utilizado decenas de miles de veces.

Si el psicoanálisis vio en los procesos inconscientes el lado oscuro de la mente, el desván o el sótano de lo reprimido y lo inconfesable, la neurofisiología y la psicología experimental actuales ven en ellos los cimientos y la infraestructura del edificio mental. Los millones de bits de información que a cada instante manejamos de forma consciente constituyen una pequeña fracción de toda la información que tenemos que procesar sin descanso por el mero hecho de estar en el mundo y responder a sus estímulos. Y esto no sólo vale para las acciones automáticas, como escribir a máquina o la no menos compleja tarea de caminar sin perder el equilibrio, sino también para la reflexión y la toma de decisiones.

Lacan, siguiendo a Freud (y dejándolo atrás en algunos aspectos), dijo que el inconsciente está articulado como un lenguaje; un lenguaje que en gran medida no podemos o no queremos oír y que nos da órdenes secretas sin que nos demos cuenta; según esta teoría, el inconsciente sería un "ello", un yo otro con sus propios y oscuros designios. Mientras que lo inconsciente –el conjunto de los procesos no conscientes– es más bien una enorme prótesis o "extensión de memoria" que procesa silenciosamente la enorme cantidad de información que no cabe en la pequeña pantalla de la conciencia: un complemento más que un contrapunto. ¿Son incompatibles ambas visiones? A veces los resultados experimentales refuerzan las especulaciones previas y otras veces las echan por tierra; en este caso, se podría decir que las acorralan. Tal vez haya procesos inconscientes inconfesables; pero la hipótesis de un mr. Hyde agazapado en las cloacas de la mente está perdiendo fuerza.