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Noosfera

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Hace más de cien años que Konstantin Tsiolkovski publicó La exploración del espacio cósmico mediante motores a reacción, el primer tratado de astronáutica, cuyas conclusiones y propuestas generales siguen siendo válidas.

Pero Tsiolkovski no sólo es el padre de la astronáutica, sino también uno de los principales impulsores de la corriente filosófica conocida como cosmismo. En su visionaria obra Filosofía cósmica, especula sobre el futuro remoto de la humanidad, la colonización del sistema solar y el encuentro con posibles civilizaciones extraterrestres; o, más que posibles, probables, según él, pues siempre dio por supuesta la existencia de vida en otros planetas (suya es la famosa frase "La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia").

En la obra de Tsiolkovski, como en la de su antecesor Fyodorov, está latente el concepto de noosfera (del griego noos, inteligencia); pero fue otro ruso, Vladimir Vernadski, quien acuñó el término y formuló una teoría específica de la noosfera como tercera fase de la evolución de la Tierra, tras la geosfera y la biosfera. Entendida como el "conjunto de los seres inteligentes con el medio en que viven", que es como la define el diccionario, la noosfera es una noción ampliamente aceptada; pero en cuanto se intenta ir un poco más allá y precisar sus características, empiezan las dificultades y las divergencias. Así como la noosfera supone un salto cualitativo con respecto a la biosfera, el estudio de la primera (e incluso su mera descripción) plantea problemas cualitativamente distintos a los del estudio de los fenómenos biológicos, en gran medida tangibles y directamente observables, e incluso cuantificables (aunque no siempre o no del todo).

Y, por otra parte, la naturaleza de la noosfera introduce un problema ontológico radicalmente nuevo (que tiene que ver con lo tratado en los dos artículos anteriores: La inteligencia del hormiguero e Inteligencia colectiva); Teilhard de Chardin lo planteó desde una perspectiva cristiana, pero se puede y se debe abordar de forma rigurosamente científica: ¿Es la conciencia individual la última etapa del larguísimo proceso evolutivo que ha llevado de la materia inanimada a la vida y de la vida a la inteligencia? ¿O del mismo modo que los organismos unicelulares se agruparon para formar seres cualitativamente distintos, las conciencias individuales están confluyendo hacia algún tipo de supermente colectiva? Es una lástima, queridos lectores y lectoras, que se haya terminado el espacio del que dispongo y no pueda dar la respuesta...