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¿Qué es la tecnología?

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

En su reciente artículo Tecnociencia (5-6-10), mi querido colega Manuel Lozano Leyva se preguntaba retóricamente qué demonios son la ciencia y la tecnología. Y poco antes, en ¿Es la tecnología un atributo humano? (30-5-10), mi no menos querido y admirado José María Bermúdez de Castro nos planteaba la nada retórica pregunta del título. Casualmente (o no), hace algún tiempo publiqué en esta misma sección un artículo titulado ¿Qué es la ciencia? (15-2-08), en el que, sin pretender dar ninguna respuesta definitiva ni definitoria, señalaba, al hilo de algunas preguntas planteadas por los lectores en el blog, las características básicas de lo que hoy entendemos por ciencia: su método (experimental) y su lenguaje (matemático).

¿Y la tecnología, qué demonios es? Es tan difícil definirla con independencia de la ciencia –y viceversa– que algunos han considerado oportuno introducir el término "tecnociencia", un "palabrón" que Lozano se niega a aceptar; y con toda la razón, pues, como tantos otros híbridos, es un término estéril. Porque, valga la paradoja, solo tiene sentido unir dos palabras cuando designan cosas separadas. Fue necesario crear el término "coche-cama" porque los coches no solían servir para dormir ni las camas para viajar. Pero hablar de "tecnociencia" es tan ocioso –y equívoco– como hablar de "prosa poética"; en todo caso, habría que decir "una prosa más poética de lo habitual" (lo cual tampoco serviría de mucho si no definiéramos ese plus), pues la prosa siempre es poética, hasta la de los folletos de instrucciones (que a veces incluso se acercan a la poesía hermética). Somos como ese personaje de Molière que hablaba en prosa sin saberlo, pero al revés: todos hablamos en verso sin darnos cuenta, pues continuamente utilizamos metáforas, metonimias, hipérboles…

La ciencia y la tecnología no se pueden definir por separado porque no son cosas separadas ni separables; para empezar, ni siquiera son "cosas", sino procesos, o, mejor dicho, aspectos complementarios de un mismo proceso, de una dialéctica incesante entre el hacer y el pensar, entre la mano y el cerebro, entre la materia y la mente. Nuestra tendencia a razonar de forma no dialéctica, a ver el mundo como un conjunto de "cosas" fijas e individualizadas, seguramente nos ha reportado alguna ventaja evolutiva, sobre todo a la hora de tomar decisiones rápidas, tan importantes para la supervivencia. Pero a la hora de reflexionar hemos de pensar en procesos e interacciones, si no queremos quedarnos atascados en la paradoja del huevo y la gallina.