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Turismo matemático

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

En estas fechas en las que se da rienda suelta a las más variadas –y no siempre recomendables– formas de turismo (playero, rural, gastronómico, enológico, cultural, religioso, sexual…), no está de más proponer una modalidad que, aunque poco conocida y menos practicada, reviste un extraordinario interés y no sólo para los especialistas: el turismo matemático.

Si algún lector escéptico cree que me lo acabo de inventar para pergeñar una festiva columna veraniega (la última, por cierto, antes del paréntesis vacacional), no tiene más que entrar en un buscador y teclear "turismo matemático": para su sorpresa (y la mía), encontrará unas 1.500 entradas con una elevada proporción de páginas interesantes, cualquiera de las cuales puede servir de punto de partida para una fascinante recorrido ciberturístico.

Partiendo, por ejemplo, de una página de título tan sugerente como Viaje a Ítaca con Manoli, llegamos al oportuno y documentado libro de Claudi Alsina Geometría para turistas, que nos explica, entre otras muchas cosas, cómo se calculó la fachada del Guggenheim de Bilbao o cuál es el secreto de las decoraciones de La Alhambra. Y el museo bilbaíno nos remite a las torsiones elípticas de Richard Serra, que utiliza la matemática para dotar a sus gigantescas esculturas metálicas de una sobrecogedora apariencia de liviandad. Y las decoraciones de La Alhambra nos llevan hasta M. C. Escher, que dedicó muchas horas a estudiar en los arabescos del palacio granadino los 17 tipos de simetría que utilizó en sus fascinantes grabados. Grabados que, según nos revela otra página, podemos encontrar en las tapas de las alcantarillas de Tokio…

El Guggenheim, La Alhambra, Escher, Serra… ¿Dónde está la novedad?, se preguntará tal vez el escéptico lector al que antes aludía. Y la respuesta es bien simple: en la mirada. Roma recibe cada año millones de turistas de todos los tipos antes mencionados (y de algunos más que prefiero no mencionar) y la ciudad a la que todos llegan es la misma, aunque cada cual la vea y la viva de una manera distinta. Las matemáticas están en todas partes, sólo que, como ese personaje de Molière que hablaba en prosa sin saberlo, muchas veces las percibimos y las gozamos sin darnos cuenta. ¿Las gozamos?, se preguntará ahora mi hipotético lector escéptico. Sí, porque el turismo matemático, aunque suene a didáctico, es ante todo estético; es decir, gozoso. "Sólo Euclides ha contemplado la belleza desnuda", dice la poeta Edna St. Vincent Millay. Que es una forma de invitarnos a adoptar su esclarecedora mirada.