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Shangái

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

Hace un par de semanas, varios colegas europeos (la mayoría españoles) tuvimos la oportunidad de reunirnos con científicos chinos en el marco del pabellón de España de la Expo de Shangái, por cierto el tercero más visitado de toda la muestra. El motivo del encuentro no era otro que debatir sobre el primer poblamiento de Eurasia.

La colonización de este enorme continente debió de ocurrir hace unos dos millones de años, tal vez inmediatamente después de la primera expansión del género Homo fuera de África. Se sabe muy poco de los orígenes, vías de migración, modo de vida, etc. de los primeros homininos de Eurasia. Un puñado de yacimientos, datados entre hace 1,6 y 1,0 millones de años y situados a los largo de una estrecha franja de miles de kilómetros entre la península Ibérica y la isla de Java, representan las únicas ventanas a un mundo casi desconocido para la prehistoria.

No ha sido fácil establecer un diálogo fluido con nuestros colegas chinos y no precisamente por falta de interés. La doctora You Hamei, una de las más prestigiosas arqueólogas de China, nos confesaba de manera abierta y sincera su satisfacción por un encuentro que no hubiera sido posible hace un par de décadas. Las investigaciones sobre la prehistoria de China comenzaron hace 80 años, impulsadas por científicos occidentales y con el estímulo del dinero occidental. Algunos arqueólogos chinos participaron e incluso llegaron a dirigir excavaciones, como la del conocido yacimiento de Zhoukoudian. Sin embargo, la llamada Gran Revolución Cultural cerró sus puertas al mundo académico durante dos décadas. Las ciencias relacionadas con la evolución humana se desarrollaron en Europa y en los Estados Unidos sin la valiosa aportación de los colegas chinos. Sólo unos pocos privilegiados pudieron formarse fuera de su país.

Es verdaderamente interesante y digno de análisis el paralelismo de China con España. A pesar de las enormes diferencias ideológicas entre los dos países durante buena parte de la mitad del siglo XX, la arqueología prehistórica de China y España prácticamente desaparecieron para renacer a finales de los años setenta. Los dos países nos enfrentamos entonces a nuestra incapacidad para contar al mundo la enorme riqueza que atesoramos en el ámbito de la prehistoria. Ni ellos ni nosotros estábamos preparados por falta de conocimiento en el método y en las técnicas. Nuestros medios económicos eran muy escasos y el inglés era ya el idioma oficial de la ciencia. Pero China se abre paso con decisión y muy pronto su influencia será abrumadora. Sólo espero que España no deje pasar de nuevo ese tren que perdemos una y otra vez.