La ciencia es la única noticia

Cuentan de un sabio...

VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

Nos quejamos, con razón, de cuánto ha afectado la crisis a la financiación de la ciencia en España, por más que la ministra del ramo aduzca, y tampoco le faltan motivos, que los investigadores españoles estamos "mejor que nunca". Quizás los ya instalados en el juego no hayamos perdido tanto, y desde luego estamos mejor que lustros atrás. Pero las posibilidades para los más jóvenes, que tienden a ser los más brillantes, se han reducido a un mínimo, y el impulso y la ilusión que empujaban a la ciencia española a emparejarse con la europea se han desvanecido. Por consiguiente, no lamentamos tanto una vuelta atrás como el prematuro frenazo en el camino hacia adelante. Y es sabido que en lo que atañe al conocimiento, como la Reina Roja explicó a Alicia, si uno pretende seguir en el mismo sitio tiene que avanzar. No obstante, de justicia es reconocer la voluntad y el esfuerzo de nuestros dirigentes para poner a salvo algo del mobiliario científico (como los planes nacionales) en este doloroso naufragio.

Viene a cuento todo esto porque en otros lugares están peor. Me escriben colegas búlgaros pidiendo auxilio. Si tienen razón (y no hay por qué dudarlo), la Academia de Ciencias de Bulgaria, una institución con 141 años de vida, que reúne al 17% de los científicos y donde se originan el 60% de las publicaciones internacionales, está a punto de desaparecer.

Estrangulada económicamente, la Universidad de Sofía, que produce otro 30% de la ciencia, no está en mejor situación. "En momentos de crisis", les dicen, "la ciencia no es una prioridad". A mediados de noviembre se anunció una reforma en profundidad de la Academia, que será desmantelada y desprovista de su autonomía. Al parecer, en privado algunos miembros del gobierno han argumentado a favor de la privatización de los institutos de investigación rentables.

Unos 6.000 ciudadanos de todo el mundo preocupados por la ciencia y la cultura, incluidos varios laureados con el Nobel, han firmado ya cartas de inquietud o protesta dirigidas al gobierno de Bulgaria (en www.science.nauka2010.com). Científicos búlgaros en el extranjero ("en la diáspora", dicen) han hecho ver que incluso los fondos procedentes de proyectos internacionales han sido bloqueados y no llegan a su destino, ante lo que manifiestan su extrema preocupación por el futuro cultural y tecnológico del país.

Por mucha razón que asistiera a Calderón de la Barca al escribir sus versos hace cuatro siglos, que otros sabios recojan las hierbas que nosotros despreciamos es sólo un triste y magro consuelo.