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¿Cuánto vivíamos en el pasado?

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

La pregunta que encabeza esta columna se repite con mucha frecuencia entre los seguidores de las investigaciones sobre evolución humana. La respuesta es compleja por muchas razones. Si bien parece cierto que la longevidad ha sido cada vez más elevada entre las especies más próximas a nosotros en el tiempo, la cifra no se ha prolongado tanto como podríamos imaginar. En condiciones naturales, la "esperanza de vida al nacimiento" de las sociedades de cazadores y recolectores que aún quedan en el planeta y de las poblaciones que viven en la pobreza es muy baja. Esto es así porque más de un 50% de los niños mueren antes de cumplir los 10 años de vida. Lo mismo ha sucedido a lo largo de los seis millones de años del linaje humano, con esperanzas de vida al nacimiento de no más de 15 años.

Otra cuestión es lo que sucede una vez superadas las edades más críticas del desarrollo, cuando el sistema inmunitario está plenamente desarrollado. La longevidad de los chimpancés en libertad pueden alcanzar los 50 años. Así que bien podríamos tomar como referencia esta cifra para los primeros homínidos que iniciaron el linaje humano hace seis millones años. Por supuesto, llegar hasta esa edad no debía de ser muy habitual, dadas las duras condiciones de vida de nuestros ancestros. Los restos fósiles son las únicas evidencias para estimar la edad de muerte y sólo en muy contadas ocasiones podemos afirmar que un cierto individuo superó la treintena.

Como decía antes, lo más curioso es que a lo largo de la genealogía humana no hemos prolongado de manera significativa la longevidad natural, ni aún en las especies más próximas como los neandertales. Tampoco parece claro que los miembros más antiguos de nuestra propia especie superaran con facilidad los 55 años. Alcanzar esa edad o superarla debió de ser excepcional. Quizá fue el caso de uno de los individuos representado en el yacimiento de Dmanisi (1,7 millones de años), que estaba totalmente desdentado cuando falleció. También es el caso de uno de los individuos del yacimiento de la Sima de los Huesos de Atapuerca (0,5 millones de años), que murió cuando ya había obliterado buena parte de las suturas craneales, signo casi inequívoco de senectud.

Hace algunas semanas, este diario explicaba las conclusiones del investigador británico Aubrey de Grey sobre su modelo de "medicina regenerativa" y la posibilidad de vivir hasta un milenio. Los que ya hemos superado los 55 sabemos bien que el progresivo decaimiento físico nos acompaña ya el resto de nuestra vida. Si alcanzamos el siglo de vida se lo deberemos en buena parte a nuestra resistencia genética y en parte a la calidad y estilo de vida que hemos alcanzado en ciertas sociedades privilegiadas, incluyendo el apoyo de las ciencias médicas.