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Madres neandertales

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

Aunque estas semanas de atrás han sido pródigas en publicaciones científicas relevantes sobre nuestros orígenes, la que más ha llamado mi atención está relacionada con la organización social y la demografía de los neandertales. Un equipo de científicos, la mayoría españoles, lleva trabajando desde hace varios años en el fabuloso yacimiento de El Sidrón, en Asturias, donde hace unos 50.000 años pudieron quedar atrapados 12 miembros de un grupo de neandertales, probablemente por una catástrofe natural.

Los restos fósiles encontrados (más de 1.800) han aportado mucho sobre los conocimientos anatómicos que se tenían de los neandertales; aunque lo más significativo y peculiar es la maravillosa conservación del material genético de los restos. Los análisis paleogenéticos de los restos de El Sidrón ya han ofrecido resultados espectaculares, que se han ido publicando a lo largo de esta última década. Pero los responsables de los estudios genéticos no nos dejan de sorprender con nuevos datos. La última publicación en PNAS revela aspectos de un enorme interés para las investigaciones demográficas del pasado. Para empezar, los científicos sospechaban de las posibles relaciones familiares de los 12 individuos identificados, dado el parecido de los restos dentales y óseos. Pues así es; los análisis genéticos sugieren que un individuo juvenil podría ser hijo de una mujer adulta y de un joven. El único individuo infantil sería hijo de otra de las mujeres adultas.

Así, se confirma que los 12 neandertales del El Sidrón o bien pertenecían a un grupo quizá algo más numeroso o se trataba de una pequeña familia. Aún si cabe más interesantes son los resultados de la similitud genética de los individuos masculinos, que pertenecían a un linaje común familiar, tal vez de varias generaciones. Por el contrario, las mujeres presentan una mayor diversidad genética, que sugiere su pertenencia a genealogías familiares distintas.

Todo apunta a que los hombres permanecían en sus grupos o clanes durante mucho tiempo, mientras que las mujeres se movían para formar parte de grupos diferentes. Este intercambio evitaba la endogamia y la posibilidad de extinción de los clanes a corto plazo. Por supuesto, este sistema patrilocal se sigue manteniendo en las poblaciones cazadoras-recolectoras que aún quedan en el planeta. Y lo más interesante es que nada parece haber cambiado desde nuestra separación del linaje de los chimpancés hace seis millones de años. Nuestros primos hermanos practican este tipo de comportamiento, en el que las hembras jóvenes emigran a otros grupos, mientras que los machos permanecen en sus grupos originales y están todos relacionados familiarmente.