El corazón de la Ciencia

MARÍA ÁNGELES DURÁN // DE PUERTAS ADENTRO

* Profesora de investigación del CSIC

A la Ciencia con mayúsculas no la he visto nunca, pero a los científicos y a sus obras me los encuentro todos los días. Quieren las reglas de la buena investigación, que ésta sea independiente de los sentimientos y las circunstancias personales de quienes la producen, pero tal regla no se puede cumplir. La Ciencia es un concepto, una abstracción que no puede desarrollarse por sí misma, sino en el transcurso de la actividad acumulada de muchos seres humanos.

En el momento de escribir esta columna está abierta la convocatoria para los proyectos de investigación del Plan Nacional de I+D+i de 2008-2011. Varios miles de personas se afanan en estos días en definir líneas de investigación, depurar hipótesis, proponer secuencias de trabajo, concertar esfuerzos con colegas del propio campo y de otros colaterales que pudieran caber en un proyecto común de colaboración interdisciplinar. Todos ellos están más o menos atravesados de nerviosismo por la cercanía de los plazos y experimentan en diferentes grados sentimientos de ilusión, incertidumbre, confianza, ambición y miedo.

Al leer las instrucciones de los formularios, me llaman especialmente la atención las que describen los llamados “grupos de trabajo consolidados”. En esencia son dos: que el investigador principal haya desarrollado una actividad exitosa en los últimos 15 años dentro del programa convocante (demostrada mediante cinco proyectos dirigidos en dedicación única) y que consiga sumar a su nuevo proyecto un número mayor de colaboradores que en cualquiera de sus proyectos anteriores.

A pesar de llamarse así, el equipo no parece ser una condición fundamental, puesto que no se hace ninguna referencia a su continuidad. También es llamativa la endogamia administrativa, ya que los criterios de éxito se sustituyen por el de fidelidad a la institución convocante; como si fuera de los planes nacionales, en todo el ancho mundo, no quedase otro lugar para la dedicación ni la excelencia. En cuanto al tamaño, la atomización es un riesgo en situaciones de competencia, pero algunas fórmulas de coordinación permiten la división del trabajo hasta límites extremos, como bien han demostrado los procesos de subcontratación en las grandes compañías.

En cualquier caso, de lo que nada dicen los formularios es de los sentimientos que unen y desunen a los participantes del grupo, tanto entre sí como respecto a la figura del investigador principal. Ésas son las reglas aparentes del juego burocrático; pero si algo sabemos los que vivimos la investigación desde dentro es que esos sentimientos están ahí, y que forman una parte tan importante del diseño del proyecto como las hipótesis, los bancos de datos y el presupuesto.