La ciencia es la única noticia

E. O. Wilson

VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

Probablemente las ideas son muy poca cosa sin palabras para expresarlas, por eso el desarrollo del cerebro ha ido aparejado al del lenguaje, con lo que implica de capacidad de comunicación compleja. El conocimiento es social o no es, pues de no compartirlo (comunicándolo) muere con su poseedor. Pero no pretendo quedarme en el, para mí, ignoto jardín de los Chomsky y los Piaget, donde no haría sino pisar charcos. Intento solo enfatizar que dar con las palabras adecuadas puede ser decisivo para introducir ideas científicas en la sociedad. Darwin lo hizo con "selección natural", por ejemplo, pero no al referirse a "descendencia con modificación", que hoy pocos asociarían a biología evolucionista.

Mucha gente tiene buenas ideas y muchos científicos consiguen resultados novedosos. Pero solamente unos pocos, no siempre coincidentes con los primeros, aciertan en el modo de hacerlos llegar a los demás. Siempre he admirado a Edward O. Wilson por reunir de un modo sorprendente grandes ideas, importantes resultados científicos y enorme capacidad de "inventar" términos que sinteticen unas y otros y comuniquen bien. Hacia 1970 nos deslumbraba la "biogeografía de islas", que asociábamos a Robert MacArthur, el biólogo con formación matemática que había cambiado radicalmente la ecología. MacArthur era el primer autor de un libro con aquel título, y pocos reparamos en el nombre del segundo, un tal Wilson. Pero apenas unos años después causó furor (favorable y en contra) el término "sociobiología", intento de aplicar la teoría evolucionista a la vida social, y de nuevo era título de un libro y su autor, otra vez, era Wilson, al que ya conocíamos como gran experto en el estudio de las hormigas.

La historia siguió repitiéndose. En los primeros ochenta Wilson tituló otro libro Biofilia, y al final de la década encabezó uno más con otro neologismo, "biodiversidad", que casi siempre se le atribuye y curiosamente, según sus palabras, no le corresponde. No hay persona culta que hoy no hable de biodiversidad y Wilson es quien más ha contribuido a ello. Más tarde, ya en los noventa, vendría Consiliencia, intento de generar un marco común para los conocimientos científicos y humanistas.

Edward O. Wilson, dos veces premio Pulitzer, segundo premio Carl Sagan a la comunicación de la ciencia (el primero fue el propio Sagan), infatigable luchador por la conservación de la diversidad de la vida, reciente autor de una novela ya premiada (titulada, cómo no, El hormiguero), acaba de ser galardonado con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación. Es como un Nobel a la ciencia conservacionista. Pocos lo merecen más y pocos nos habrán cambiado tanto.