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Shakespeare y la duda razonable

VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

En ciencia, el asunto de quién merece ser autor de una comunicación, por qué, y aceptando qué responsabilidades, se está poniendo muy complicado. Habitualmente, los artículos están firmados por hasta media docena de investigadores, y a veces por más de cien. ¿Qué papel ha tenido cada uno en el resultado final? ¿Deberían todos responsabilizarse del error o, aún peor, del fraude, que pudiera haber cometido uno a espaldas del resto? Enfrascado en ese debate sobre el concepto mismo de autoría, especialmente activo en las revistas de biomedicina, he tropezado con una curiosa referencia a una página que anima a investigar sobre la identidad del autor de Romeo y Julieta, pues piensan que hay serias razones para dudar de que fuera el Mr. Shakspere (sic) de Stratford al que ésa y otras obras suelen atribuirse.

Al parecer, Mr. Shakspere (el nombre aparece escrito de distintas formas) fue un hombre de negocios de quién, mientras vivió, nadie sospechaba se dedicara a escribir. Es más, manuscritas sólo se conservan de él unas pocas firmas en documentos legales, incluyendo el testamento, y la debilidad del trazo hace sospechar que no tenía mucha práctica en la escritura e incluso que pudiera no haberlas firmado él. En cuanto al testamento, no menciona libros, poemas, obras de teatro, instrumentos musicales... y está firmado como Shakspere, pese a que el autor teatral Shakespeare era por entonces ampliamente conocido. ¿Acaso rehuía este hombre la fama, incluso en sus últimas voluntades?
La página desgrana muchos más detalles. Casi todas las evidencias de que el señor Shakspere de Stratford fuera el autor teatral son póstumas, se generaron después de su muerte. Hay una muy curiosa. Una estatua en Stratford dedicada a Shakespeare muestra claramente a un escritor, pero resulta que no es la misma erigida en homenaje a Shakspere a principios del siglo XVII. Un bosquejo de la obra original realizado por un anticuario en 1634 muestra a un hombre con bigote que sostiene un saco, y no pluma y papel, como apareció luego. En algún momento, según los registros, el monumento "se reparó" y debió alterarse convenientemente.

De Homero, se dice, no sabemos nada, salvo que fue un gran escritor. De Shakspere, en cambio, cuanto más sabemos menos escritor nos parece. La lectura del manifiesto a favor de un mayor escepticismo y un aumento de la investigación sobre el autor de Macbeth y Otelo resulta, al menos para los iletrados en el asunto, apasionante, y ciertamente despierta dudas razonables sobre el conocimiento comúnmente admitido.