Planeta en movimiento

VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

A nadie sorprenderá a estas alturas que uno lamente el decaimiento de la preocupación por los problemas ambientales. “Estamos al borde del abismo”, se nos dice, pero nada tiene que ver con los pesticidas, el calentamiento global o la pérdida de biodiversidad; tampoco con el hambre en el mundo, las enfermedades o la escasez de agua dulce; el abismo que se abre ante nosotros parece hecho de primas de riesgo, endeudamiento, mercados no regulados, bonos basuras, paro sin esperanza… Uno intuye, sin embargo, que sólo hay un abismo, que son caras de la misma moneda, que no es saludable aspirar a crecer sin fin en un planeta sobreexplotado, porque tal crecimiento, si fuera posible, sería espurio, la gran burbuja que esconde otras que hemos conocido.

En todo caso, hay gente que sigue luchando por cosas que hace poco parecían importantes y sin duda siguen siéndolo. Hoy, por ejemplo, 24 de septiembre, se celebra en todo el mundo la jornada Planeta en movimiento, promovida por un dilatado número de organizaciones no gubernamentales. El objetivo general es alejarse por un día de los combustibles fósiles, saber que puede uno moverse sin ellos y que, si puede uno, probablemente el planeta también.

Se han organizado marchas en bicicleta, caminatas recogiendo plásticos, exhibiciones de patinaje y surf, conciertos, etc., y ello en países tan variados como Camerún, Estados Unidos, Uruguay o Brunei. Pero la intención última no es quedarse en este día. Se trata de ir movilizando a la sociedad para presionar a los dirigentes que el próximo 28 de noviembre se reunirán en Durban en una nueva conferencia del clima. En la cumbre celebrada en Cancún se acordó que en 2011 se firmaría el anhelado acuerdo internacional vinculante para la reducción de gases de efecto invernadero. Cuando la fecha se acerca, parece que otras preocupaciones absorben la atención de los dirigentes mundiales aunque, como el dinosaurio de Monterroso, el incremento de las emisiones, el deshielo del Ártico, la expansión de enfermedades, los huracanes e inundaciones, sigan ahí.

No albergo demasiada esperanza, pero recordando a Gramsci me siento obligado a recurrir al “optimismo de la voluntad”. Por eso les animo a sumarse a cualquier iniciativa en esta jornada y, si no pueden, a dejar el coche por un rato y dar un paseo a pie o en bicicleta. Y también a exigir a los candidatos en la próxima campaña electoral  que nos digan lo que piensan hacer sobre este asunto.