‘Australopithecus sediba’ (II)

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

Hace un par de semanas daba cuenta del magnífico estudio realizado sobre la especie Australopithecus sediba, nacida en 2010 en la revista Science como resultado de un hallazgo excepcional. De acuerdo con el equipo que estudia los fósiles de esta especie, su antigüedad (dos millones de años) y sus características la sitúan en la candidatura ideal para ser el origen del género Homo. Las evidencias sobre la posible presencia del género Homo en África antes de los dos millones de años son escasas y cuando menos discutibles. De ahí la hipótesis de Lee Berger, principal artífice de las investigaciones.

Además, Berger apoya sus ideas en el hecho de que tanto Homo habilis como Homo rudolfensis, cuyos restos son más recientes, han sido expulsados del “selecto club” del género Homo por algunos investigadores de reconocido prestigio. Si bien estas especies tienen cerebros significativamente más grandes que los de los australopitecos, incumplen el requisito de poseer un desarrollo complejo y prolongado. Más bien al contrario, su desarrollo aparenta ser tan corto como el de chimpancés (12 años) y carece de la complejidad que caracteriza a nuestra especie. Eliminados estos competidores y debido a su antigüedad, la especie Australopithecus sediba  podría haber dado lugar a los inequívocos primeros representantes de Homo. Para ser miembro de este género una especie debe tener al menos un cerebro mayor de 600 centímetros cúbicos, una estatura de unos 140-150 centímetros, proporciones corporales como las nuestras, haber perdido cualquier rasgo que la habilite para ser buena trepadora y, como decía antes, poseer un desarrollo más largo y más complejo que el de chimpancés y australopitecos, con niñez y adolescencia como elementos añadidos al modelo de todos los demás mamíferos. La especie africana Homo ergaster podría ser así el primer cliente del selecto club del género Homo.

Sin embargo, Berger y sus colegas parecen haberse olvidado de los homínidos del yacimiento de Dmanisi, en la Republica de Georgia. Su cerebro llega a los 700 centímetros cúbicos, su estatura es relativamente elevada (hasta 160 centímetros) y sus proporciones corporales son como las nuestras. Pero lo más importante es que su antigüedad se cifra ya en 1,85 millones de años. Pienso que 150.000 años es poco tiempo para conseguir el portentoso logro de una transformación evolutiva tan compleja, desde un australopiteco de 420 centímetros cúbicos de volumen cerebral, 120 centímetros de estatura y con rasgos que permitían todavía capacidades trepadoras. Además, Australopithecus sediba vivía en Suráfrica y Homo georgicus fuera de África. Con gran pesar, la hipótesis de Lee Berger no me convence.