La constancia de las leyes

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Un asiduo lector de El juego de la ciencia me pregunta si las leyes de la naturaleza son constantes e inmutables. En principio, cualquier pregunta admite una –y sólo una– de estas tres respuestas: “sí”, “no”, “no se sabe”; pero la pregunta de mi lector admite las tres.

A nivel local, es decir, en la porción de espacio y tiempo accesible a nuestras observaciones, parece ser que sí, que las leyes de la naturaleza son siempre las mismas. Y no sólo las leyes, sino también la composición del universo muestra una gran homogeneidad. Los cosmólogos solían decir que el universo es como un bizcocho en el que el hidrógeno es la harina, el helio el azúcar y los demás elementos las pasas. Con la aparición (es un decir) de la materia oscura y la energía oscura, el bizcocho cósmico se ha vuelto bastante más complicado y misterioso, pero no hay motivos para dudar de su homogeneidad.

Sin embargo, incluso en el universo observable hay “objetos” o “lugares” (si es que pueden llamarse así: de ahí las comillas) donde las leyes de la naturaleza, tal como las conocemos, dejan de tener sentido: son las singularidades, que no en vano se denominan así. En el interior de un agujero negro, según las ecuaciones de la relatividad general, toda la materia puede llegar a concentrarse en un punto inextenso, con lo que alcanzaría una densidad infinita (expresión casi poética, puesto que carece de un sentido concreto) y el tiempo se ralentiza hasta detenerse, para luego volverse “imaginario” (lo que tal vez deba entenderse como que fluye en otra dimensión). Y en una singularidad desnuda –un punto de densidad infinita que, al contrario de lo que ocurre con los agujeros negros, es visible desde el espacio circundante– podrían suceder cosas todavía más extrañas; de hecho, algunos físicos han llegado a conjeturar que en una singularidad desnuda puede pasar cualquier cosa, como si en ese punto el universo se hubiera vuelto loco. Es probable que hasta que no logremos una unificación operativa de la mecánica cuántica y la gravitación relativista no podamos aclarar ciertas paradojas.

Y, por otra parte, no sabemos si el universo conocido es todo lo existente. Podría haber universos paralelos con leyes muy distintas de las que gobiernan el nuestro, o zonas de nuestro propio universo, más allá de lo observable u observado, donde cambiaran las reglas del juego. Así que la tercera respuesta, “no se sabe”, también vale. Y, como casi siempre, es la mejor.