Creced y multiplicaos…

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

El capítulo IX del Génesis recoge la orden de Dios a Noé después del Diluvio: “Creced y multiplicaos y llenad la Tierra”. Esta frase se puede leer de diferentes maneras. En su lectura más dramática quizá faltaría una coletilla “…hasta acabar con todos sus recursos… y luego extinguiros”. En su lectura más científica tenemos que encontrar una explicación biológica al notable crecimiento demográfico de Homo sapiens.

Las especies del género Homo hemos adaptado nuestra estrategia reproductora de un modo muy diferente al de los simios antropoideos. Las hembras de estos primates tienen un periodo de fertilidad muy similar al de los humanos actuales; sin embargo, el número máximo de hijos que pueden generar es inferior al de nuestra especie. Así, las madres orangutanes tienen una cría cada ocho años, a la que amamantan de manera intensiva durante ese largo periodo de tiempo. La prolactina impide la ovulación mientras dura el proceso de lactancia y la mamá orangután no volverá a reproducirse hasta que su cría quede totalmente destetada. Teniendo en cuenta que su gestación dura también nueve meses, las madres orangutanes no podrán tener (en el mejor de los casos) más de tres hijos a lo largo de su vida reproductora.

Durante la evolución del género Homo la lactancia obligada (=infancia) se fue acortando de manera progresiva, en favor de una niñez cada vez más prolongada. Los niños mayores de dos años pueden continuar siendo lactantes (algo desde luego muy recomendable) durante el tiempo que deseen ellos y sus madres, pero su sistema digestivo ya es capaz de procesar una variedad importante de alimentos alternativos. El destete natural puede producirse mucho antes que en gorilas, chimpancés y orangutanes. La prolactina deja de actuar y la posibilidad de una nueva concepción queda despejada. Con esta “estrategia reproductora” hace tal vez un millón de años, las especies del género Homo debieron incrementar en mayor o menor medida sus expectativas demográficas.

Hace pocos meses se publicó en la revista Science una hipótesis sobre el éxito de Homo sapiens con respecto a los neandertales basada en nuestra supremacía demográfica. Esa superioridad debió de ser el inicio de una carrera desenfrenada hacia el crecimiento de las poblaciones de Homo sapiens, que aún no se ha detenido. En tiempos recientes la disminución de la mortalidad infantil y la mayor longevidad en los países desarrollados ha producido un crecimiento demográfico exponencial impresionante y, sin duda, insostenible en el tiempo. La tecnología nos ha llevado a una ecuación ciertamente compleja en esta materia y muy difícil de resolver.