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Alianzas y liderazgos

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

Compartimos un ancestro común con los chimpancés, que vivió en África hace más de cinco millones de años. A pesar de haber transcurrido tanto tiempo y más de 200.000 generaciones desde nuestra separación biológica, los genetistas han estimado que aún compartimos el 99% de nuestro genoma con los chimpancés. Ya no nos puede extrañar que tengamos tanto en común, incluidos muchos de los caracteres que definen nuestra biología social. Bien es verdad que nuestra enorme complejidad cultural enmascara nuestras similitudes con estos primates, pero cuando analizamos en profundidad el comportamiento y la estructura social de nuestra especie, emerge con sorprendente nitidez nuestra base común ancestral.

En la especie de chimpancé común (Pan troglodytes) el macho alfa ejerce un fuerte liderazgo en el grupo. Otros machos más jóvenes colaboran con el líder para que éste pueda cumplir sus funciones en la defensa y en la dirección del grupo. Pero también aspiran a destronar al macho alfa y no pierden ocasión de demostrar sus habilidades de fuerza y astucia, para cuando llegue el momento oportuno. Si analizamos nuestra especie, los tratados sobre el liderazgo y la jerarquía ocuparían una gran biblioteca. Nuestra complejidad cultural, social e intelectual ha llenado de matices estos dos elementos de la biología de Homo sapiens. Por supuesto, el liderazgo masculino es muy común, desde el dictador implacable, ególatra y despiadado, hasta el líder natural con un ego muy limitado, que sólo busca lo mejor para su grupo. Otro modelo muy común es el liderazgo masculino compartido; o dicho de otro modo, la alianza de varios machos para dirigir una determinada organización. En ciertas sociedades las hembras también pueden llegar a formar parte de estos grupos de poder. El grupo elige un representante que ejerce funciones de líder, pero cuyas capacidades ejecutivas se dictan y controlan desde la alianza. Si el macho alfa de los Pan troglodytes tiene que rechazar por la fuerza las aspiraciones jerárquicas de otros machos, las alianzas defienden también su liderazgo compartido de las apetencias de poder de otros individuos.

En los países democráticos los partidos políticos representan una fuente inagotable de conocimiento en estos temas. Sus actividades son necesariamente públicas y sus líderes y personalidades destacadas se exhiben a diario en el escenario de los medios de comunicación. Se pueden obtener infinidad de datos para los estudiosos de la biología social de nuestra especie. En cualquier caso, a pesar de nuestra complejidad biológica, los impulsos ancestrales siguen condicionando nuestro comportamiento. Es por ello que el ser humano todavía prefiere a los líderes naturales, con personalidad propia y cuya actuación no está condicionada por los dictámenes de las alianzas de poder.