Cosmología cíclica

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

Si las leyes de la naturaleza son fijas e inmutables (ver columna anterior: La constancia de las leyes, 13-11-11) y el universo observable es todo lo que existe, el hecho de que las constantes cosmológicas sean exactamente las necesarias para hacer posible la vida se podría ver como una extraordinaria coincidencia, tal como plantea el denominado “principio antrópico”. Pero si hay –o ha habido– muchos universos y cada uno con leyes diferentes, que en uno de ellos puedan surgir formas de vida como la nuestra deja de ser algo excesivamente improbable. Y si hubiera –o hubiese habido– infinitos universos con distintas leyes, la vida –cualquier forma de vida concebible o inconcebible– existiría o habría existido con absoluta certeza.

En los últimos años han proliferado las teorías sobre universos múltiples. La más conocida es la descrita por Stephen Hawking en su libro Breve historia del tiempo (que tiene varios precedentes), donde plantea la posibilidad de que, tras alcanzar un grado máximo de expansión, el universo se contraiga hasta colapsar en un Big Crunch, una singularidad de densidad infinita que, a su vez, daría origen a un nuevo Big Bang. Estaríamos, pues, ante un universo cíclico y pulsante, en el que se alternarían las expansiones y las contracciones, las grandes explosiones y las grandes implosiones.

Pero recientemente el matemático y físico Roger Penrose, colaborador habitual de Hawking, propuso otra teoría cíclica radicalmente distinta de la de su colega y amigo. Según la Cosmología Cíclica Conforme (CCC) de Penrose, el universo se expandiría indefinidamente hasta alcanzar una densidad infinitesimal (todo lo contrario de la densidad infinita del Big Crunch) y una entropía despreciable; se evaporarían los agujeros negros, la materia como tal desaparecería (solo quedarían fotones y gravitones) y el tiempo se detendría. Y mediante una espectacular acrobacia matemática, Penrose iguala esa infinitud prácticamente vacía a un punto inextenso, que daría origen a un nuevo Big Bang.

Según Penrose, ciertos patrones circulares observados en la radiación de fondo podrían ser huellas de agujeros negros hipermasivos pertenecientes al eón anterior (es decir, a la fase de expansión del universo previa a nuestro Big Bang). Y si la teoría CCC fuera correcta, habría que abandonar el actual modelo de universo “inflacionario”, según el cual la homogeneidad cósmica se debe a que, un instante después del Big Bang, el universo se expandió con inconcebible rapidez, para luego seguir expandiéndose al “pausado” ritmo actual.