Regreso a la prehistoria

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

No suelo salirme del guión que inspira esta sección de la página de ciencias. Trato siempre de analizar cuestiones relacionadas con la evolución humana, porque entiendo que este es mi objetivo. Pero no puedo olvidar que mi profesión es la ciencia y me resulta difícil no manifestar mi desaliento por la alarmante caída de los recursos dedicados a la investigación. Durante unos cuantos años hemos visto crecer la importancia de los avances científicos de nuestro país, que durante tanto tiempo habían estado relegados a la periferia del progreso del conocimiento. Ahora despertamos del bello sueño para encontrarnos con la misma pesadilla que sufren tantos y tantos buenos trabajadores de otras muchas profesiones.

Hubo un tiempo, allá por los años 1980, en el que nuestros gobernantes entendieron la necesidad de dejar atrás la humillante situación de la ciencia española. Y no me corto al elegir el adjetivo, pues los científicos de los países desarrollados nos trataban con cierto paternalismo, que resultaba verdaderamente humillante. ¿Es que acaso no podíamos ser tan buenos científicos como ellos? Por supuesto que sí; y no sólo lo podíamos demostrar trabajando en instituciones de EEUU o de Reino Unido. Así comenzó una carrera contra el reloj para recuperar algo del tiempo perdido. Se consiguió mucho en pocos años y recuperamos la sonrisa y el orgullo. Aunque ya habíamos perdido la batalla del idioma de la ciencia, fuimos alcanzando eso que se ha llamado la frontera del conocimiento.

La política científica de los años 1980 jugó con la idea del “café para todos”. No parecía una mala política, porque resultaba en una igualdad de oportunidades para quienes queríamos dedicarnos a esta profesión. Con el paso de los años algunos ámbitos científicos han crecido hasta situarse en cabeza, mientras que otros se han quedado atrás. Esto mismo es aplicable a personas concretas que han conseguido logros muy importantes, mientras que otras no pudieron seguir el ritmo. Pura selección natural.

Ahora los gobernantes se encuentran con problemas acuciantes y preguntas comprometidas: ¿qué se debe recortar? Por descontado, la formación es irrenunciable, a menos que optemos por el fracaso de un país lleno de ignorantes. Esa formación ha de llegar hasta los niveles más altos, defendiendo la investigación científica como un valor añadido importantísimo. El café para todos puede no ser la fórmula ideal en los tiempos que corren, pero es un suicidio renunciar a lo mejor que tenemos y permitir una nueva fuga de cerebros. Me rebelo contra la idea de volver a patentar botijos y regresar a la prehistoria.