Altruismo

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

Hace pocos meses se publicó un artículo sobre el comportamiento de Pan troglodytes, en el que Victoria Horner (Universidad de Emory, EEUU) nos mostraba las capacidades altruistas y de empatía de los chimpancés. La pregunta que me sugieren los experimentos de la doctora Horner es si el comportamiento de sus chimpancés responde realmente al altruismo, en el que un individuo es capaz de sacrificar hasta su propia vida por un congénere, o si se trata de la constatación de una gran capacidad de cooperación. Sin restar ningún mérito a las investigaciones de Horner, los mamíferos sociales se caracterizan precisamente por esa capacidad de ayuda mutua, que exige un cierto quid pro quo. Se trata de una adaptación propia de los mamíferos sociales, que mejora su capacidad de supervivencia como especie.

En el Homo sapiens el altruismo está bien demostrado. Aunque la ayuda interesada es lo habitual, somos capaces de morir no sólo por nuestros hijos, sino que arriesgamos la vida por salvar la de otros. ¿Una forma más de favorecer la continuidad de la especie, o un comportamiento nuevo y sorprendente? Sea como fuere, los humanos actuales heredamos algún modo de altruismo de nuestro antecesor común con los chimpancés, un rasgo que debió de formar parte del comportamiento de todas las especies del linaje humano.

En el registro fósil de nuestros antepasados tenemos varios casos increíbles de posible altruismo. El ejemplo más espectacular se encuentra en el yacimiento de Dmanisi (República de Georgia). Los homínidos encontrados allí tienen una antigüedad de 1,8 millones de años. Su capacidad craneal no superaba los 750 centímetros cúbicos, su estatura no pasaba de un metro y medio y su aspecto era tan solo un poco más “humano” que el de la especie africana Homo habilis. Uno de los cinco cráneos encontrados en Dmanisi está totalmente desdentado, a tal punto que los alveolos ya se habían cerrado. Su aspecto en vida no habría sido muy distinto al de un anciano actual sin dientes, aunque su edad de muerte no habría superado los 50 años ¿Qué tipo de comportamiento podemos inferir de este caso? A pesar de ser una carga para el grupo, sus congéneres tuvieron que prestar su ayuda desinteresada a nuestro anciano de la prehistoria. Sin ese apoyo, sus posibilidades de supervivencia habrían sido mínimas.

Volvemos así a un viejo debate: ¿es el altruismo un rasgo exclusivamente humano y totalmente desinteresado?, ¿es un rasgo que compartimos con todas las especies sociales y conlleva siempre algún tipo de beneficio para quién lo practica?, ¿hemos alcanzado un grado más en la expresión de ese rasgo? Sin duda, una de las cuestiones más apasionantes de la conducta de nuestra especie.